MEDITACIÓN DE LAS LECTURAS: 14/2/25

Hoy es viernes, semana 5ª del tiempo ordinario. La narrativa del Génesis nos pone en contexto de cómo se filtró el mal en la creación. Para hacerlo, el ser malvado, se valió del animal más astuto, la serpiente. El recurso que utilizó para romper la relación entre Dios y el ser humano, fue la palabra. Dios había hablado, la serpiente se introdujo, contradijo, interrumpió la comunicación.

Uno de los rasgos distintivos del habla de la serpiente es “sembrar dudas”, “crear sospecha”. Las palabras del enemigo provocan, en quien las escucha, profunda curiosidad. De hecho, aquí se constata lo advertido por el papa Francisco, cuando exhorta a no entablar conversación con el demonio, porque enreda, engaña y puede convencer. En el texto, la persona, cuando entró en diálogo con la serpiente, hasta citó, de manera inocente, el mandato de Dios. O sea, recordó perfectamente el acuerdo combinado.

La serpiente metió cizaña en la memoria, en el pensamiento de la persona. Le provocó deseos ambiciosos de ser como Dios. Le motivó a que dejase su condición de criatura y entrara, a manera usurpadora, en el espacio divino. Estamos ante los rasgos de una tentación. La tentación no viene por casualidad de la vida; alguien la pensó, y la presenta, para que no falle, de manera “apetitosa”, “atrayente”, “deseable”. Al ser humano le dieron inteligencia, pero ante tantas promesas falsas, con vistosa apariencia, quiso más. El demonio aseguró que, transgrediendo el límite, se les abrirían los ojos; y claro que se le abrieron, a qué precio y de qué manera.

Una consecuencia del pecado es el complejo de culpa. Cuando estás en pecado te miras y sientes repugnancia de ti. Porque, con los ojos abiertos, en desobediencia, constatas dónde has caído y a quién ofendiste. Obedeció la persona al señor equivocado; contagió la infección. Uno comió el bocadillo envenenado, y luego el otro. Se dieron cuenta, a un tiempo, de la propia desnudez y sintieron vergüenza. Cuando la persona cae en vergüenza, busca “hojitas” para cubrir su falta. Sin embargo, no hay hojas suficientes en el jardín de la vida, que puedan ocultar la presencia de Dios, buscando a sus hijos e hijas, en el fango de la desobediencia.

La relación del ser humano con Dios, quebrada por el pecado, vino a ser restablecida por Jesús. Lo contemplamos en el evangelio de hoy. Te invito a que consideres que ese sordo, presentado al Señor, seamos tú y yo. En nuestra actualidad, Dios sigue hablando, pero el demonio también continúa interrumpiendo. Por eso es necesario, que permitas al Señor apartarse contigo, lejos del bullicio, de los ruidos y de las distracciones.

Si no comprendes ni disciernes la voz de Dios, porque serpientes modernas interfieren; el Señor puede introducir sus manos en tus oídos y tocar tu lengua con su saliva. Él, como alfarero, modela tu tierra, la revitaliza, haciendo de ti una nueva persona. En un momento de oración, con el evangelio, coloca tus propias manos en tus oídos, y repite, en nombre de Jesús, una y otras vez, esas palabras de liberación: – “¡Ábrete!”. Exprésale al Señor tus más sinceros deseos: – “Señor, que pueda escucharte”; “que se suelte toda traba de mi lengua”, “que pueda hablar de ti sin dificultad”.

Preguntas que llevan al silencio: ¿Tú podrías hacer dos listas; una de los rasgos de las palabras de Jesús; otra, de los rasgos del habla de Satán? ¿A quién estás obedeciendo? ¿Te han presentado algún “bocadillo” atrayente, pero envenenado? ¿Has caído en buscar “hojas” para cubrir tus faltas? ¿Qué te provoca escuchar los pasos de Dios buscándote para que vuelvas a Él? ¿Tú escuchas la voz de Dios o le interrumpes mientras habla? ¿Padeces de sordera espiritual? ¿A dónde te lleva la desobediencia? ¿Qué realidades te traban la lengua? ¿Quieres apartarte con el Señor? ¿Te estás abriendo a su gracia, a su amor, a su perdón? Hoy día, donde algunos países celebran el día del amor y la amistad, ¿qué tú estás haciendo para conservar tu amistad con el Señor?

Con el salmo del día, nos queda claro que mientras no hagamos una buena confesión, tendremos impedimentos para hablar. Señor, como el salmista, quiero recibir tu perdón y recuperar la palabra. Libérame, porque dichosa es la persona absuelta de su culpa. Hoy, cuando la Iglesia hace memoria de dos santos, hermanos: San Cirilo, monje; y san Metodio, obispo; pedimos su intercesión para que como ellos, llevemos con fervor misionero la fe; y que podamos perseverar, sin importar persecuciones, fieles, hasta el final.

¡Seamos santos!

Hna. Ángela Cabrera
Discípula Misionera por la Santidad


Hna. Angela Cabrera.

Discípula Misionera por la Santidad

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