MEDITACIÓN DE LAS LECTURAS: 19/2/25
(Gn 8,6-13.20-22; Sal 115; Mc 8,22-26).
5 PASOS PARA VER CON CLARIDAD
Hoy, miércoles, semana 6ª del tiempo ordinario, Marcos nos presenta el relato de un “no vidente” curado por Jesús. Tú y yo padecemos de ceguera, cuando nos falta la luz de la fe, la gracia del discernimiento. Cuando no tenemos claridad para seguir a Jesús y optar por Él. Cuando no sabemos caminar con dirección y determinación. En suma, la ceguera nos acecha y por eso, meditando en el pasaje, vamos a considerar 5 pasos plasmados en el texto. Nos ayudan a alcanzar la iluminación verdadera, la que indica el camino de salvación.
El primer paso para alcanzar la iluminación y comprender a profundidad quién es Jesús y qué nos ofrece, es “reconocer la propia ceguera”. Por eso, en el pasaje, fueron otros quienes llevaron al no vidente hasta Él. Es necesaria la humildad de dejarse conducir cuando uno no sabe llegar. El punto de partida, para vencer la ceguera es decirse a sí mismo, delante del Señor: -“no veo”; “no entiendo”, “estoy sin rumbo”. No tengas pena en reconocerlo, si es tu caso. Los discípulos tampoco la tuvieron cuando abrieron el corazón al Señor, suplicándole que les aumentara la fe.

El segundo paso es “dejarse tocar por Jesús”. Muchas personas habrían puesto las manos sobre el no vidente. Pero, cuando el Señor lo hizo comenzó el cambio. Lo llevó de la mano. Jesús asumió la dirección de su vida. Cuando eres tú quien quieres dirigir la ruta, retrasas el proceso. El Señor tuvo que sacarlo de la aldea, para favorecer la sanación. Mientras andes en tu pequeña “aldea”, en tu mundo “limitado”, en tu “patio”, dando vueltas en las mismas esquinas, no verás nada. Sal de tu propio encierro. Déjate sorprender por la luz, que el Señor te quiere mostrar.
“Saliva e imposición de manos”, es la tercera etapa para vencer la ceguera. Esta es la imagen de la nueva creación que el Señor quiere hacer en tu vida. Los dos, retirados, a solas, donde nadie interrumpa. Con su saliva y tu tierra, el Señor modela nuevas pupilas de fe. Tú puedes ser testigo de tu proceso de transformación y maduración. Esta es la experiencia naciente. Nunca más se olvida a quien se involucró contigo para superar la necedad. Necedad es lo que queda en quien camina veloz, sin saber el rumbo ni el sentido del mismo.
El cuarto paso es “comenzar a distinguir”. Al tiempo de estar con Jesús, se notó la diferencia; el no vidente comenzó a “distinguir” entre árboles y personas, pero no con precisión. Mientras se confunden las cosas no hay buen discernimiento. El Señor respetó el proceso. No le reclamó. Sencillamente estaba ahí; para que en su Luz encuentre la luz. La paciencia del Señor y la disposición de la persona favorecieron fecundos resultados.
“Ver con claridad”, es el quinto paso. Es la cima de la montaña. Es la vida contemplativa. Dos veces el Señor impuso las manos hasta que el hombre alcanzara la fe. Pudo entonces reconocer, identificar quién era ese que estaba con Él. Era el Señor, el Mesías, el Hijo de Dios. El Señor le aconsejó que regresara a su casa, pero que no entrara, de nuevo, a “la aldea”. Esto es, no vuelvas al lugar de las sombras. No permitas que malogren el proceso que el Señor ha hecho. Una vez que amanece la luz en tus ojos, no quieras volver a la ceguera.
Preguntas que llevan al silencio: ¿Tú sabes quién es Jesús? ¿Puedes comprender profundamente lo que el Señor espera de ti; a qué te invita? ¿Te inspiran otras personas para madurar en fe? ¿Cuándo fue la última vez que saliste tu “aldea” para tener un encuentro íntimo con el Señor? ¿Te dejas conducir por la Palabra de Jesús? ¿Cómo sientes que la mano del Señor dirige tu vida? ¿Desearías experimentar “la saliva” del Señor en “tu tierra”? ¿Qué nuevo está naciendo en ti? ¿Estás en el proceso de empezar a distinguir entre dos realidades? ¿Ya estás viendo con claridad? ¿Sabes que quien te llama es más importante que tú? ¿De cuáles “aldeas” debes alejarte para conversar la visión?
Señor: al igual que el orante del salmo, yo me pregunto, cómo te pagaré todo el bien que me has hecho. No me dejaste en la oscuridad, sino que te detuviste conmigo, hasta hacerme ver. Por eso, felizmente, cumplo mi compromiso. Hay muchas personas no videntes que esperan, Señor, tu saliva y tus manos sobre su tierra. Quisiera ser, en tus manos, como esa paloma mensajera enviada por Noé, para avisarte, Señor, cómo andan los niveles de ceguera en nuestra sociedad. Que juntos, tú y yo, tengamos muchos rincones alternativos donde puedas modelar, en cada no vidente, una nueva creación. Necesitamos, Señor, hombres y mujeres contemplativos.
¡Seamos santos!
Hna. Ángela Cabrera
Discípula Misionera por la Santidad

Hna. Angela Cabrera.
Discípula Misionera por la Santidad
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