MEDITACIÓN DE LAS LECTURAS: 4/3/25

Hoy, martes, semana 8ª del tiempo ordinario, el evangelio comienza presentándonos el pensamiento de Pedro, expresado a Jesús: “Ya ves que nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido”. El discípulo habla por él y por los demás. Recoge el sentir de la comunidad. Entremos en la escena. Imagina a los Doce de ojos fijos en el Maestro. En intimidad con Él. La vida les ha cambiado a esos hombres. Ya no tienen barcas, ni redes. No están rodeados de sus familiares. De repente, están en un nuevo comienzo, una nueva realidad.

Pedro, humildemente, con el corazón apretado, pero lleno de confianza, le recuerda al Señor lo que ha supuesto creer en Él. Primero “dejarlo todo” y luego “seguirle”. Son dos movimientos complementarios. No pueden contraponerse. Se comienza desocupando el corazón, desprendiéndose, y luego de la desapropiación, se sigue a Aquel que llamó.

Detente un momento y piensa lo que significa la autoridad, la seguridad, la responsabilidad de Jesús con cada uno de los suyos, de sus más íntimos seguidores. Si los discípulos han sido serios al seguirle, el Señor lo fue mucho más al asumirlos. Da la vida por sus amigos. Jesús no bromea cuando llama. Sabe lo que hace. El que llama es más importante que el que sigue.

El Señor, al escuchar a Pedro, recibe la inquietud que tendrán sus seguidores y seguidoras de todos los tiempos. Cuando le responde al discípulo, te responde a ti también. Te dice que no tengas miedo en decidirte por Él. Quien deje pertenencias materiales (casa, tierra); lazos familiares y afectivos (hermanos, hermanas, madre o padre, hijos), por Jesús y por el Evangelio, recibirá ahora, en este tiempo, cien veces más… con persecuciones, y en la edad futura, la vida eterna.

Este pasaje expresa, no el abandono a la familia, sino la reorganización del corazón, el desapego, para ofrecer a Jesús la primacía del amor. De igual manera, muestra la desapropiación de toda pertenencia, de manera que nada transitorio acapare la atención. ¿Qué sentido tiene dejar todo para recibir cien veces más? Lo que recibes cuando Jesús ocupa el corazón, no te distrae ni te llena los ojos. Le das el lugar justo. Todo lo que llega, en Jesús, se dispone para el Evangelio. No se entiende entonces, un seguidor de Cristo, haciendo alarde de lo que no le corresponde. El apego a los bienes y a las personas pervierte el corazón del apóstol.

En el pensamiento de Santa Teresa de Jesús, la mejor actitud es “ser trabajador feliz sin paga”. Aunque no contemples “los progresos” espirituales siguiendo al Señor, has de continuar trabajando con la misma entrega. El anhelo por recibir más puede desenfocar el horizonte. En cambio, el amor desinteresado santifica. Solo el amor a Cristo da sentido a las manos vacías y al corazón despejado. Aclara la santa que, con todo, el Señor no se deja ganar en generosidad, es el extraordinario pagador. Siempre habrá paga. Él tiene sus métodos de “pagar todo a la vez”.

Recordó Raniero Cantalamessa, predicador italiano, que cuando Beethoven recibía sus aplausos no podía escucharlos. De igual manera, muchas veces rezamos, trabajamos y servimos sin aparente recompensa… pero, mientras tanto, la Santísima Trinidad, que lo testimonia todo, en silencio aplaude y premia.

El pasaje de este día te enseña a reinterpretar “las persecuciones” por Jesús. Estas reflejan que la recompensa está asegurada. Si te persiguen sin motivos es porque lo estás haciendo bien. Con los ojos de la fe, “los enemigos se tornan bienhechores”. Estas son inversiones futuras. Hay quienes trabajan por el éxito en esta tierra, y hay quienes sirviendo en la tierra, guardan tesoros en el cielo.

Preguntas que llevan al silencio: ¿Qué te dicen las letras de un antiguo soneto: “que aunque no hubiera cielo, yo te amara, y aunque no hubiera infierno, te temiera”? ¿Tú sabías que “muchos primeros serán últimos”, porque siguiendo a Jesús “no dejaron nada” o se volvieron a llenar, desordenadamente? ¿Sabías que “muchos últimos serán primeros”, porque “de un salto, alcanzaron mil vuelos”; siguiendo al Señor con honestidad? ¿Tienes actitud del “trabajador feliz y sin paga”? ¿Qué sucede en tu fe cuando no ves las bendiciones deseadas?

Señor, como me aconseja la sabiduría, no quiero presentarme ante ti con las manos vacías. Quiero presentarme, como el orante del salmo, con un sacrificio de alabanza. Enséñame a amarte con pureza de intención. Que tu amor purifique el mío. El que me hayas elegido, Señor, es ya mi recompensa.

¡Seamos santos!

Hna. Ángela Cabrera
Discípula Misionera por la Santidad


Hna. Ángela Cabrera.

Discípula Misionera por la Santidad

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