MEDITACIÓN DE LAS LECTURAS: 1/4/25
((Ez 47,1-9.12; Sal 45; Jn 5,1-3.5-16)
Lunes IV semana de Cuaresma
SUMERGIRSE EN CRISTO: HASTA NO HACER FONDO.
Hoy, martes, semana 4ª de Cuaresma, la primera lectura narra la visión del profeta Ezequiel. Siendo conducido por un ángel, ve una corriente de agua que borda el templo, la cual se hace cada vez más profunda. Esta visión, situada en el tiempo litúrgico, te hace meditar en el misterio de Cristo. Es Él el nuevo templo. Tú eres ese creyente que está siendo conducido. Te conduce la Iglesia, te conduce la voz del Espíritu Santo en tu interior, pero el avanzar o no hacia las honduras es decisión personal.
El profeta se introdujo en la corriente de agua, y esta le llegó hasta las rodillas. Esa imagen la puedes aplicar a tu vida. Podría ser el momento cuando te inicias en Cristo. Te atrae su persona. Le sigues. Pero tu relación con Él, en esta etapa, se limita a ciertos servicios puntuales, y no alcanza sólida intimidad. Involucras una parte de tu tiempo. Es la relación de los comienzos, de poca raíz y poca solidez. Con todo, es un inicio necesario, porque todo proceso de unidad con Dios comienza con las orillas. Sin embargo, en el texto, el profeta sigue siendo conducido más adentro, y este avanza. ¿Tú te quedarías sumergido o sumergida, con Jesús, hasta las rodillas? ¿Te decides a seguir avanzando?
Adelantó un poco más el profeta, y la corriente de agua le llegó hasta “la cintura”. Si recreamos espiritualmente esta imagen, podría evocar la persona que decide conocer más de Cristo. Continúa avanzando en su misterio. Pero, a esta altura del trayecto, el agua hasta “la cintura” estaría remitiendo a zonas de tu corazón, que todavía no están empapadas de Cristo. El miedo se experimenta. Incluso, llega la tentación de regatear con el Señor. Hay quienes ahí se detienen, se parquean. Otros, en cambio, como el profeta, prosiguen. Y tú ¿te quedarías con Jesús sumergido hasta “la cintura”?
Llegó un momento de la travesía donde el profeta “no hizo fondo”, porque el agua era bastante profunda. Era un torrente que no se podía vadear. Pudo contemplar allí donde desembocaba la corriente; había vida, verdor, frescura, una creación fascinante y bella, medicinal, de producciones y cosechas comestibles. Esta es tu vida, florecida en el Señor, cuando se zambulle en su misterio, y te das completamente, sin economizar la entrega. Sabiendo esto, tendrás que decidirte si te quedas en las orillas, sin ramos verdes, sin unción de santidad, o si vences el miedo, la tibieza, la pereza, hasta empaparte y sumergirte en la corriente que desemboca en la vida eterna. ¿Luego de haber estado cerca, te vas a perder de la hondura en Cristo?
El evangelio te deja saber que en Cristo, hay esperanza para todos. Juan te presenta el pasaje del hombre que tenía treinta y ocho años enfermo. Estaba cerca de la piscina llamada Betesda, donde solían sumergirse muchos dolientes para ser curados. Sin embargo, él no tenía quién lo ayude a entrar.
Jesús, compadecido, se acercó y le preguntó: “¿quieres quedar sano?”. Como ese enfermo tú puedes manifestar al Señor todos tus intentos fallidos, todas tus frustraciones, tus deseos de superación… Él los escucha. Pero se implica en tu proceso. El Señor es esa fuente que se acerca a ti, cuando tú mismo le tienes miedo al agua. Él te da la confianza, la amistad, para que te sumerjas en Él y salgas nadando, limpio, bañado, con nuevas fuerzas y vitalidad para emprender el camino.


El Señor, si es necesario, salta normas y protocolos para que la gracia fluya. Sin detenerse en que era sábado, le dijo al enfermo: “Levántate, toma tu camilla y echa a andar”. Luego, en el templo, asumiendo las consecuencias, le reafirmó que con su salud, quedaron perdonados todos sus pecados. Esto hace el agua del Bautismo en tu vida; él libera, purifica, introduce en la fuente de agua pura y eterna. Si haces seriamente el itinerario cuaresmal tendrás una consistente renovación bautismal la noche de Pascua.
Preguntas que llevan al silencio: Siendo Cristo la fuente de vida, ¿tú le tienes miedo al agua? ¿Las reflexiones en esta Cuaresma han puesto tu corazón en remojo? ¿Te conformas con estar salpicado de agua o deseas empaparte? ¿Si tú ves que hay hondura te quedarías en las orillas? ¿Te dejas conducir hacia la hondura en el Señor? ¿Por qué la vida de pecado bloquea el acceso a las profundidades del Espíritu Santo? ¿Qué significa la frase dicha por Jesús a santa Catalina de Siena: “Hazte cauce que yo me haré torrente”? Si con el Bautismo fueron borrados todos tus pecados ¿le das mantenimiento, embellecimiento, a tu alma con el Sacramento de la Penitencia y la Reconciliación? ¿Dónde están los frutos de tu existencia? ¿Tú ayudas a que otras personas se sumerjan en Cristo, la fuente de vida? Santos y santas de Dios, rueguen por nosotros.
¡Seamos santos!
Hna. Ángela Cabrera
Discípula Misionera por la Santidad

Hna. Ángela Cabrera.
Discípula Misionera por la Santidad
Espacio de reflexión de la Parroquia de los Santos Ángeles Custodios, que invita a realizar una pausa diaria en nuestras actividades cotidianas para dedicarlas a la oración del Evangelio, a través de la meditación y reflexión de la hermana Ángela Cabrera, Discípula Misionera por la Santidad.
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