MEDITACIÓN DE LAS LECTURAS: 2/4/25

Hoy, miércoles, semana 4ª de Cuaresma, puedes experimentar que has venido haciendo un recorrido largo. La tentación es considerar que las lecturas acentúan el mismo aspecto, el mismo llamado a la conversión. Parece que los asuntos se repiten y pudieras tú caer en la actitud de dejar pasar, como quien dice: -ya viene lo mismo. Es un peligro buscar novedad, deslumbrarse con nuevas ideas, olfatear planteamientos distintos cuando, en el fondo, el Espíritu Santo insiste con determinación en lo esencial: la conversión para obtener la salvación.

La salvación viene por Jesús; por eso afirma: “Mi padre sigue actuando y yo también actúo”. Estas palabras le causaron una doble acusación entre los judíos: por obrar en sábado, y por igualarse a Dios. Sin embargo, queda manifiesto la autonomía, la libertad y la soberanía para el Señor rescatar las almas y atraerlas hacia Él. Porque el objetivo único no es deleitar curiosos sino salvar.

El plan de salvación tiene un método, una forma, unos criterios, que el evangelista Juan te hace saber. Él te introduce en un misterio profundo, lo pone a tu alcance para que, aunque no lo comprendas, por lo menos lo aceptes por fe.

Jesús no improvisa contigo ni con nadie, sino que se fundamenta en lo que ha visto hacer al Padre. Lo que ha vivido con su Padre lo hace con nosotros. Pero no se trata de un hacer mecánico, sino movido por el amor. Porque el Padre lo ha amado. Con esta experiencia te alcanza. Por amor, el Padre no se ha reservado nada. Jesús tampoco se economiza. Se da, se dona, ofrece todo para que tú te introduzcas en esta comunidad trinitaria.

El Señor afirma que el Padre resucita los muertos, por eso, Jesús también da la vida. En este camino de Cuaresma tú estás llamado a peregrinar hacia el país, la tierra de la vida. Pon atención, por ejemplo, como dice Isaías en la primera lectura, y acoge esas palabras para ti: – “¡Salgan! Los que están en tinieblas: vengan a la luz… no pasarán hambre ni sed, no les hará daño el bochorno ni el sol, porque los conduce el compasivo y los guía a manantiales de agua”. Jesús es ese compasivo que te hace avanzar por el camino de salvación.

El amor del Padre por el Hijo es un amor que delega. Le ha confiado el juicio. Nadie como Él, quien conoce los criterios del Padre, y quien conoce la condición humana, tiene fundamentos, compasión y misericordia para juzgar. El amor de Jesús es exigente. No te lamentes si te repiten lo mismo. Laméntate si te reiteran lo mismo y no haces caso. La rigidez mental y la dureza del corazón tienen sus consecuencias.

Es duro cuando a la gente le insisten para que busque su propia salvación. No se comprende la conformidad por un sepulcro oscuro, cuando se le ofrece la eternidad. Las puertas comienzan abrirse aquí y ahora. Toma las llaves de la fe. Abre tu corazón para que calen las palabras de Jesús y lo transformen. Luego, practica en tu vida cotidiana esas enseñanzas. Haz el bien sin cansarte. Pensando que cada instante es único, irrepetible, una oportunidad para unirte más al Señor. Él está en el otro, en el prójimo, en el necesitado. Jesús hace lo que ve hacer al Padre. A ti y a mí nos toca, lo que vemos en Jesús.

Preguntas que llevan al silencio: ¿Tú sabías que el principal fundamento para la salvación es creer en Dios y hacer su voluntad? ¿Cómo se asientan en tu corazón, cada día, las palabras que el Señor te dirige? ¿Cómo observas o defines tu caminata cuaresmal? ¿Espiritualmente estás estático, o has identificado cambios interiores cada semana? ¿Tú vas peregrinando hacia la Pascua? ¿Tú haces las cosas por tu cuenta o tomas en cuenta lo que Dios espera de ti? ¿Quién es tu modelo, quién te inspira a actuar?

¿En quién están tus ojos fijos, a quién buscas imitar? ¿Qué acciones estás reproduciendo? ¿Tu obrar se fundamenta en el amor? ¿Tu presencia, como la de Jesús, lleva vida y consuelo a los demás? ¿Tú haces falta si no estás? ¿La gente descansa si te marchas? ¿Cómo tú interpretas que Dios ha confiado el juicio de los demás a su Hijo Jesús? ¿Qué dice a tu vida la expresión: vida eterna? ¿Tú estás obrando con dimensión trascendente? ¿Eres una persona consagrada a hacer el bien? ¿Has enmendado cualquier mal obrar? ¿Tú puedes decir, en este momento de tu vida, que estás haciendo la voluntad de Dios?

Señor, como el salmista te doy las gracias porque eres clemente y misericordioso. Eres fiel en tus palabras y bondadoso en todas tus acciones. De la misma manera que el Padre en ti, que tú seas en mí, el mayor influencer.

¡Seamos santos!

Hna. Ángela Cabrera
Discípula Misionera por la Santidad


Hna. Ángela Cabrera.

Discípula Misionera por la Santidad

Espacio de reflexión de la Parroquia de los Santos Ángeles Custodios, que invita a realizar una pausa diaria en nuestras actividades cotidianas para dedicarlas a la oración del Evangelio, a través de la meditación y reflexión de la hermana Ángela Cabrera, Discípula Misionera por la Santidad.

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Publicado por PASTORAL DIGITAL PSAC

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