MEDITACIÓN DE LAS LECTURAS: 8/4/25

Hoy, martes, semana 5ª de Cuaresma, ya próximo a la Semana Mayor, el libro de Números describe la manera en cómo el pueblo, mientras caminaba por el desierto, extenuado por el camino, habló contra Dios y contra Moisés. En ocasiones, quizás has escuchado o experimentado, las quejas y las protestas contra Dios. Atravesar el arenal, las desolaciones existenciales, sin esperanza, tienta a renegar, dudar, negar… la presencia de Dios.

Se necesita una fe madura para reconocer a Dios, en esos kilómetros de camino cuando falta el agua, el pan… y lo poco que hay provoca náusea. Lo más fácil sería quejarse, lamentarse, y desanimarse de agradar a Dios; tirar la toalla y no considerar su amor. Cuando las personas se alejan de Dios, le abren las puertas al pecado; ya no hay temor, o sea, no se busca corresponderle.

Mientras iba de camino, el pueblo experimentó las mordidas de serpientes venenosas. Esas serpientes recuerdan lo que pica el pecado en el alma, en el corazón. Solo cuando el veneno inyectado provoca dolor, la gente se detiene, y prefiere volver a la paz perdida, valora lo que tenía. Nadie quiere caminar con veneno. Como el pecado se interpone en la comunicación con Dios, Moisés intercedió por el pueblo. La misericordia de Dios no demoró. Él mandó un remedio divino, movido por la compasión.

En estos días de camino, donde te preparas para la experiencia pascual, también has de experimentar esa necesidad de ser curado, curada, profundamente, de toda mordida de serpiente, de las picaduras del pecado. Lo primero es reconocer la falta, sentir dolor de ella, confesarla, y no volverlo hacer. En adelante, el ejercicio es abrazar la obediencia y la paciencia, en las pruebas que purgan y purifican. De la misma manera que se levantó en el desierto una “serpiente de bronce”, para que todos los mordidos quedasen curados al mirarla, hoy también tú tienes a Alguien a quien mirar, contemplar, elevando la mirada, para que quedes totalmente sano.

En el evangelio, Jesús se dirige a los fariseos. Les denuncia la vida que llevan. Les deja claro que el pecado lleva a la muerte. En cambio, para ir con Jesús, y entrar a donde Él va, es necesario renunciar a toda maldad. Las palabras del Señor no son entendidas y asimiladas por los corazones endurecidos. Esto te advierte a ti y a mí, que para acoger el misterio pascual, que ya se acerca, necesitamos tener docilidad de espíritu, y sobre todo, mucha fe. Es preciso creer en la Palabra del Señor, y seguir sus enseñanzas.

Las cosas que Jesús le dice a los fariseos, no son acogidas por ellos, son puestas en cuestionamiento. Llega un momento en que el Señor dice: “¿para qué seguir hablándoles?”, porque hacen preguntas y luego no aceptan las respuestas verdaderas, de origen divino. Cuando se lleva una vida de pecado, el corazón se cierra a la fe. Por eso, es urgente poner el corazón en remojo, para ayudarle a recibir las cosas trascendentes. Si te formas solo para vivir en perspectiva de este mundo transitorio, se dificulta la docilidad ante las verdades del cielo.

Jesús es ese remedio del Padre, que se nos da para curarnos del veneno del pecado. Si en Antiguo Testamento se elevó la serpiente, ahora, Él será elevado en la cruz. Al paso de la cruz viene la resurrección. Contemplar este acontecimiento, creerlo con fe, abrazarlo como verdad auténtica, esto es curarse profundamente, volver a nacer. Cuando tú fijas la mirada y el corazón en lo que realmente importa, te apartas del mundo de las tinieblas, y te abres al mundo de la luz, de la salvación.

Preguntas que llevan al silencio: ¿Te has quejado con Dios porque has tenido que caminar en despoblados existenciales? ¿Cuáles son esos “Moisés” de hoy, con quien te lamentas y murmuras lo que te ha tocado? ¿Has encontrado serpientes venenosas en el camino? ¿Las picaduras de serpiente, las picadoras del pecado, te han hecho recapacitar? ¿Qué significa para ti caminar, ignorando que las serpientes andan al acecho? ¿Tú has sentido picaduras en la conciencia? ¿Tú crees que alguien se acostumbraría a vivir con picaduras? ¿Qué remedio buscas para las mordidas del pecado? ¿Tú sabes que para vivir la experiencia pascual necesitas estar sano, sana? ¿Dónde estás buscando la salud de tu alma, la paz del corazón? ¿Tú sabías que “la serpiente elevada en el desierto” puede ser comparada con la cruz de Cristo? ¿Tú sabes que contemplarlo a Él, y contemplar su Palabra, vivirla, devuelve la salud?

Señor, como el salmista, sé que cuando grito tú me escuchas, porque mi lamento se convierte en oración. Tú no me escondes tu rostro el día de la desgracia. Contrariamente, inclinas tu oído y me escuchas. En este camino, no solo yo busco tu rostro. Tú, Señor, desde el cielo, tienes los ojos fijos en mí, para liberarme de la muerte, y conducirme, en comunidad de hermanos, a la tierra pascual, la tierra resucitada.

¡Seamos santos!

Hna. Ángela Cabrera
Discípula Misionera por la Santidad


Hna. Ángela Cabrera.

Discípula Misionera por la Santidad

Espacio de reflexión de la Parroquia de los Santos Ángeles Custodios, que invita a realizar una pausa diaria en nuestras actividades cotidianas para dedicarlas a la oración del Evangelio, a través de la meditación y reflexión de la hermana Ángela Cabrera, Discípula Misionera por la Santidad.

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Publicado por PASTORAL DIGITAL PSAC

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