MEDITACIÓN DE LAS LECTURAS: 1/5/25

Este jueves, primero de mayo, comenzando el mes de la Virgen María, celebramos la fiesta de san José, obrero. Si el 19 de marzo se hizo memoria a su persona, ahora se hace referencia a su dimensión laboral. El vínculo entre un tiempo mariano y el trabajo de san José, ha permitido decir que “la mejor flor para la Madre de Jesús es el trabajo concluido por las manos de José”. Esta fiesta fue instituida, oficialmente, por el Papa Pío XII en el año 1955; el fin fue promover, entre los creyentes, el sentido cristiano del trabajo.

La primera lectura, tomada del Génesis, tiene palabras clave que realzan la imagen de Dios trabajador. Es Él quien invita a la Santísima Trinidad cuando dice: “Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza”. El sueño de Dios comienza a consolidarse con las labores de la creación. El Señor bendice la obra de sus manos; esta bendición implica su crecimiento, su multiplicación, su dimensión trascendental.

El Señor depositó la perfección de su obra en las manos del ser humano, también creado. Le dio el privilegio de ser su cooperador, para prolongarla y mantenerla. Es frecuente entre los buenos artistas detenerse ante el arte finalizado, constatar que ha quedado muy bien, y descansar contemplando.

En el Nuevo Testamento, san José ha sido reconocido como carpintero. En su silencio profundo, habla tanto del aspecto orante en las labores, como de la dignidad del trabajo manual. Benditas manos que perfeccionaron la obra entregada por Dios, uniendo servicio y corazón. No hay, en la persona espiritual, ninguna tarea digna que quiebre el clima orante. Cuando Dios habita dentro, el trabajo se convierte en espacio de oración. La santidad del Señor llena la tierra.

San José ennoblece el trabajo. No labora para acumular riquezas, sino para progresar cada vez más. Sencillamente, sus faenas cotidianas son para sustentar la familia. En el fondo, está la necesidad de cubrir las carencias básicas mientras se hace la voluntad de Dios en sus vidas. No pierde, san José, el sentido laboral; no se desenfoca ni busca más de lo requerido. Es padre, esposo casto, trabajador honrado, pero sobre todo, obediente al designio del Señor para su familia.

En el evangelio del día, Jesús es identificado como “el hijo del carpintero”. Impresiona imaginarlo allí, en el espacio cotidiano, desde pequeño, aprendiendo con su padre adoptivo el arte de la madera, la gracia de embellecerla y obtener valiosos resultados. Provoca el adentrarse en dicho taller y escuchar las conversaciones en torno al trabajo, la perfección en los detalles, el trato a las personas, el orden de las cosas, el olor a Dios llenando todos los rincones, la disciplina en el abrir y en el cerrar, la paciencia ante los reclamos de los insatisfechos, las horas extras por compromisos; y hasta la llegada de la Virgen María para llevarle alguna merienda… todo esto fue posible en la humilde carpintería de Nazaret… En fin, cuando el Señor reina, los espacios laborales se convierten en santuarios.

Preguntas que llevan al silencio: ¿Qué oficio o profesión aprendiste? ¿Por qué aprendiste dicho oficio? ¿Te sientes feliz haciendo lo que haces? ¿Haces tu trabajo por vocación? ¿Eres honrado y honesto en aquello que realizas?¿El salario que recibes condiciona tu entrega a la tarea? ¿Tú preguntas cómo te pagarán la hora extra para saber si te comprometes o no? ¿El servicio que realizas está en sintonía con tus valores espirituales? ¿Tú has hecho de tu trabajo un espacio de oración?¿Tú agradeces el trabajo que tienes? ¿Cuidas tu trabajo, lo respetas, en qué se nota esto? ¿Sabes marcharte del trabajo, cuando llega el fin, con dignidad? ¿Qué tú estás dejando sembrado en tus compañeros y compañeras? ¿Cuándo no estés, cómo te recordarán?

¿Estás desempleado? ¿Será que tu trabajo ahora es buscar trabajo? ¿Dónde ves a Dios cuando no te llaman de ningún lugar? ¿Te decepcionan los currículos regados sin respuestas? ¿Qué te dice Dios cuando tu celular está en silencio, cuando no te llaman?¿Tú sabes crear, arriesgar, cuando necesitas sustentar a la familia? ¿Tú te atreves a dividir la familia para ganar un poco más? ¿Qué hace una familia con más menudo y menos felicidad? ¿Tú estás pagando el salario justo? ¿A la persona que labora en tu casa, que te presta el servicio, la llamas por su nombre; la presentas por su nombre, o le dices “muchacha”, “muchacho”? ¿Tú has retenido el salario del pobre por capricho? ¿Cómo se marcha una persona luego de haber trabajado contigo? ¿Tú sabías que trabajar es necesario y descansar es fundamental?

Señor, como el salmista, te suplicamos: “Haz prósperas las obras de nuestras manos”. San José, obrero, ruega por nosotros.

¡Seamos santos!

Hna. Ángela Cabrera
Discípula Misionera por la Santidad


Hna. Ángela Cabrera.

Discípula Misionera por la Santidad

Espacio de reflexión de la Parroquia de los Santos Ángeles Custodios, que invita a realizar una pausa diaria en nuestras actividades cotidianas para dedicarlas a la oración del Evangelio, a través de la meditación y reflexión de la hermana Ángela Cabrera, Discípula Misionera por la Santidad.

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Publicado por PASTORAL DIGITAL PSAC

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