MEDITACIÓN DE LAS LECTURAS: 07/5/25
(Hch 8,1b-8; Sal 65; Jn 6,35-40)
IV SEMANA DE PASCUA
“LA CIUDAD SE LLENÓ DE ALEGRÍA”.
Hoy, miércoles, semana III de Pascua, la primera lectura tomada de los Hechos de los Apóstoles, hace una afirmación sobre Samaria. Se dice de ella: “La ciudad se llenó de alegría”. Dicha alegría fue el resultado de la misión, realizada por el instrumento del evangelio, Felipe, en aquel lugar. La alegría del evangelio venció las fuerzas contrarias, allí presentes.
El pasaje de los Hechos, dejó evidenciado en Samaria la presencia de espíritus inmundos, y numerosos dolientes, que la identificaban como una ciudad enferma y, además, con fama de idolatría. Este detalle realza la fuerza evangelizadora de esos primeros cristianos. Ellos supieron sacar provecho de las persecuciones; con la asistencia del Espíritu Santo, para expulsar todo mal, en Nombre de Jesús, y sembrar la verdadera alegría.
La genuina alegría de nuestros pueblos y ciudades sufre amenazas. Vivimos en una sociedad, no pocas veces marcada por la tristeza, la depresión, las precariedades; el sin sentido de la vida invade todos los escenarios, etc. Habría que preguntarse de dónde brota todo esto. Podríamos enumerar varias realidades sociales, familiares y eclesiales que enfrían la fe, debilitándola.
Circunstancias actuales, que entristecen los corazones y con estos, nuestros pueblos y ciudades, fueron conocidas en el mundo bíblico, con otros nombres y rostros. Los apóstoles, y los primeros cristianos, nos enseñan, en las lecturas del día, cómo tener una presencia fecunda en nuestro contexto, de manera que podamos contagiar la alegría del evangelio.
El Salmo 65 ofrece pistas para que el entorno nuestro se llene de alegría. Invita a todos los creyentes a aclamar a Dios, a volcar la mirada hacia Él, a integrar al Señor en la vida cotidiana, a dejarle el lugar más importante en el corazón. El orante, apunta a la persona hacia la cual hay que postrarse, Dios. Él ha de ser el destinatario de la música, de la alabanza, del honor y la gloria. Él, quien transformó el mar en tierra firme, también nos puede dar la estabilidad personal, familiar, eclesial y social que necesitamos. Sabiendo lo que dice, el orante afirma: “Alegrémonos con Dios, que con su poder gobierna”.
Nadie puede dar aquello que no tiene. Para que tú y yo seamos artesanos de alegría, hemos de alimentarnos con el manjar revelado por Jesús: “Yo soy el Pan de Vida. El que viene a mí no pasará hambre, y el que cree en mí no pasará sed”. Con estas palabras, Jesús nos está indicando la Eucaristía como fuente y causa de alegría y nutrición. En ella encuentras la alegría perfecta y el alimento cierto, desconocidos y no ofrecidos por el mundo.
La Eucaristía es un manantial de alegría, porque nadie puede ser feliz al margen de Jesús. En este Sacramento, Él se nos da como alimento de vida eterna. Con razón, en el pensamiento de Santa Catalina de Siena, la Eucaristía se define como “fuego de amor”. Dicho fuego, enciende los corazones de los hermanos, quienes experimentan la felicidad de compartir el mismo camino de fe.
Como la Eucaristía también tiene una dimensión social, ella no concluye en el templo. Tú sales de la Iglesia como hostia viva, en unidad con Cristo resucitado, para prolongar, en la misión, la voluntad del Padre: “Que ninguno se pierda”, “resucitar el último día”, “alcanzar la vida eterna”. Por este motivo, la Eucaristía garantiza la alegría de la evangelización.
Preguntas que llevan al silencio: ¿De dónde nace tu alegría? ¿De qué depende la permanencia o estabilidad de tu alegría? ¿Qué tú llevas allí donde llegas? ¿Puede decirse que, a tu paso, dejas el lugar impregnado de alegría? ¿Tú has descubierto la genuina alegría? ¿Cuál es la diferencia entre alboroto externo y alegría interior?¿Cómo pudo Felipe, dar un giro de fe a la persecución sufrida?
¿Cómo tú das a conocer a Cristo allí donde te encuentras? ¿Por qué, quien está enamorado, enamorada, de Cristo, evangeliza en todo momento y lugar? ¿Tú tienes un tiempo específico para hablar con Jesús, y posteriormente hablar sobre Él? ¿Cuándo te entablan una conversación sobre Jesús, puedes mantenerla o sencillamente se cae o se desvía? ¿Tú sabías que donde no hay experiencia con el Señor resucitado, no puede establecerse una conversación seria sobre Él? ¿Qué quiso decirnos el papa Francisco cuando dijo que: “evangelizar es alegría”? ¿A qué llamó el santo Padre: “cansancio alegre”?¿De qué te estás alimentando para que nunca se acabe en ti la fuente de la alegría?
Señor: te pedimos, de manera especial, por el Cónclave que inicia, donde se elegirá al nuevo Papa. Que el fuego del evangelio encienda los corazones, por amor a la Iglesia de Cristo. Que el Espíritu Santo inspire y guíe a los cardenales en su decisión. Santos y santas de Dios, rueguen por nosotros.
¡Seamos santos!
Hna. Ángela Cabrera
Discípula Misionera por la Santidad

Hna. Ángela Cabrera.
Discípula Misionera por la Santidad
Espacio de reflexión de la Parroquia de los Santos Ángeles Custodios, que invita a realizar una pausa diaria en nuestras actividades cotidianas para dedicarlas a la oración del Evangelio, a través de la meditación y reflexión de la hermana Ángela Cabrera, Discípula Misionera por la Santidad.
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