MEDITACIÓN DE LAS LECTURAS: 08/5/25
(Hch 8,26-40; Sal 65; Jn 6,44-52)
IV SEMANA DE PASCUA
¿CÓMO VOY A ENTENDER, SI NADIE ME EXPLICA?
Hoy, jueves, semana 3ª de Pascua, las lecturas te siguen situando frente al misterio del amor de Dios. Un amor que se revela, se concretiza y se demuestra. Pero también, un amor, al que necesitas acceder contando con la guía y la orientación del Espíritu Santo, muchas veces manifiesto mediante otras personas. Es lo que sucede en la primera lectura, de los Hechos de los Apóstoles. Se presenta el relato donde un etíope, eunuco, al servicio de la reina de Etiopía, regresaba en carretera, luego de una peregrinación a Jerusalén.
El etíope iba en su carroza, leyendo un pasaje de Isaías. Este hacía referencia al “cordero llevado al matadero”… quien había sido “arrancado de la tierra de los vivos…”. El haber estado en tierra santa no fue suficiente para comprender la Sagrada Escritura. El buen hombre se sumergía. Hacía dos viajes al mismo tiempo. Uno externo y otro interno. Navegaba en la Palabra. Ahí centró su atención. Al leer las Escrituras hizo del camino experiencia de Dios. Buscaba comprender. Pero, ni su influencia, como ministro, ni las competencias de sus cargos en el palacio, pudieron ayudarle a entender lo rumiado.
Cuando tú lees la Palabra y no entiendes, es porque se hace necesaria la participación del Espíritu Santo. La Tercera Persona de la Santísima Trinidad actúa, al meditar la Palabra, mediante el don del entendimiento. Este don, alto en la jerarquía de los dones, permite que las pupilas de la fe penetren en las profundidades de las líneas, y descifren lo que esta dice dentro. Para esto, que también es un misterio, el Espíritu Santo, Persona que todo lo sondea, necesita encontrar pureza de intención.
El Espíritu Santo encontró pureza en el corazón del etíope, quien deseaba entender aquel pasaje. Fue entonces cuando la Tercera Persona de la Trinidad influyó para que Felipe se acercara a la carroza y le asistiera. Al hacerlo, le escuchó leer el pasaje isaiano. ¡Qué linda sorpresa! Cuando tú eres amante de la Sagrada Escritura, y de repente, la escuchas en boca de otra persona. Te dan ganas de quedarte cerca, de conversar y compartir. Felipe, respetuosamente, le preguntó al peregrino: “¿Entiendes lo que estás leyendo?”.
Esta pregunta, la puedes acoger para ti. Yo la acojo para mí. Hay que preguntarse cada día, si uno entiende lo que va leyendo o escuchando. Si no se comprende, como el eunuco, hay que buscar quién explique. La fe busca entender. El peregrino, con humildad, respondió a Felipe: “¿Cómo voy a entenderlo, si nadie me guía?”. A la Palabra se accede con humildad y sinceridad. Es así cuando el Espíritu Santo se siente atraído por la nobleza del corazón y se da por entero.
Las explicaciones de Felipe se tornaron luz en la conciencia del etíope. Le aclaró sus inquietudes. Le dejó claro que el pasaje de Isaías se refería a Jesús y lo introdujo en el evangelio. Posteriormente, por iniciativa del peregrino, se detuvieron donde había agua y pidió el Bautismo. Creyó. Así vemos un ejemplo de cómo, con la fuerza del Espíritu Santo, los apóstoles y los primeros cristianos iban encendiendo el mundo de fe, esperanza y caridad. El etíope continuó el viaje lleno de alegría. Es la alegría de quien sabe fundamentar su fe, sentirse partícipe del misterio, acogido, integrado.
Lo vivido por el etíope encuentra sentido en lo dicho por Jesús en el evangelio: “Todo el que escucha lo que dice el Padre y aprende viene a mí”. Aquí se nos da una catequesis. Acercarse a la Palabra de Dios es buscar comprenderla. Sin comprensión no hay respuesta, ni movimiento del alma buscando unirse a Jesús. El eunuco comprendió y tomó decisiones. Se espera que tú y yo hagamos lo mismo. El evangelio también nos deja saber que para estar bien nutridos y sostenidos en el Señor, la Palabra sola no es suficiente. Es necesario acercarse a lo que ofrece Jesús: su Cuerpo y su Sangre. El Señor nos ama y nos diviniza completamente.
Preguntas que llevan al silencio: ¿Tú, en qué concentras tu atención mientras vas de camino? ¿Aprovechas el viaje para alimentar el espíritu o dejas la mente suelta? ¿Tú guardas inquietudes interiores, y les das seguimiento para responderlas? ¿Tú sabías que es necesario invocar la presencia del Espíritu Santo antes de meditar la Palabra? ¿Qué actitud tienes cuando no comprendes algún pasaje de la Sagrada Escritura: lo dejas pasar, investigas y preguntas? ¿Tú ayudas a otros a responder sus interrogantes? ¿Te reservas conocimientos para que el otro no sepa igual que tú? ¿Al igual que Felipe, tú promueves la fe para que otros crean en Jesús y se bauticen? ¿Cómo tú unes el misterio de la Palabra con el misterio de la Santa Eucaristía; te podrías alimentar de una olvidando la otra? ¿Tú sientes, en este momento de tu vida, que vas peregrinando cada vez más hacia el corazón de Cristo?
Santos y santas de Dios, rueguen por nosotros.
¡Seamos santos!
Hna. Ángela Cabrera
Discípula Misionera por la Santidad

Hna. Ángela Cabrera.
Discípula Misionera por la Santidad
Espacio de reflexión de la Parroquia de los Santos Ángeles Custodios, que invita a realizar una pausa diaria en nuestras actividades cotidianas para dedicarlas a la oración del Evangelio, a través de la meditación y reflexión de la hermana Ángela Cabrera, Discípula Misionera por la Santidad.
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