MEDITACIÓN DE LAS LECTURAS: 9/5/25

Hoy, viernes, semana 3ª de Pascua, te invito a que meditemos el conjunto de las lecturas a partir de la expresión que dice Jesús sobre Saulo de Tarso: “ese hombre es un instrumento elegido”. Con esta referencia, se espera que tú y yo vayamos identificando fundamentos por los cuales todavía hoy, el Señor sigue eligiendo hombres y mujeres para extender su Reino.

Con la fe pascual, o sea, la fe en Cristo resucitado, nace la fuerza evangelizadora. La fe no tiene fronteras. Ella se esparce. El libro de los Hechos lo afirma, como lo demostraron la presencia de cristianos en Samaria, y el bautismo del eunuco de Etiopía. En este sentido, fue necesario llevar el evangelio al amplio mundo del imperio greco-romano, en los primeros siglos del cristianismo.

Las grandes ciudades extranjeras, exigentes en su nivel intelectual y cultural, pero desconocedoras del Dios verdadero, exigían un instrumento del Señor, que pudiera asumir dicha tarea. Recuerda que los apóstoles, provenientes del mundo de la pesca, de la sencillez cotidiana del pueblo de Palestina, humanamente hablando, necesitaban un refuerzo para responder a dicha realidad.

El Señor necesitó un instrumento, que se sumase a los Doce; y puso los ojos en un hombre llamado Saulo de Tarso. Él era de sólida educación, hablaba varios idiomas, líder enérgico, estratega y gestor; identidad judía, por su nacimiento, pero con ciudadanía romana, con libertad de movimiento en todo el imperio; además, dotado de dones, conocedor autorizado de la religión judía, y muy trabajador; el único detalle era que él no creía en Jesús y, contrariamente, perseguía a quienes le seguían.

El Señor necesitaba un instrumento que, además de expandir el evangelio a esos exigentes escenarios geográficos, tuviese las condiciones humanas, para que el Espíritu Santo, le asista en una exigente tarea teológica. O sea, se necesitaba interpretar todo el Antiguo Testamento a la luz del Nuevo Testamento, que comenzaba con Jesús. De manera que, una cultura religiosa marcada por la ley, pasase a ser sostenida por la gracia y la misericordia. Pero el detalle era que, quien podía hacer ese traspaso creyente, estaba abrazado solamente a la ley judía, y no creía en la novedad traída por el Señor Jesús.

El Señor fue en busca de su instrumento. Saulo perseguía a los cristianos cuando el Señor, por decirlo así, persiguió a Saulo. Fue necesario que cayese en tierra. La ruta que llevaba se detuvo. Una luz grande lo envolvió hasta cegarlo. Cuando tú no ves, solo te queda escuchar. Así fue cuando puso atención a esa voz: “¿Saulo, Saulo, por qué me persigues?”. Una pregunta clave se hizo sentir: “¿Quién eres Señor?”. Y ahí comenzó una nueva historia.

El hombre que dirigía, empezó a ser guiado. El hombre enérgico, experimentó la debilidad humana, sin comer, ni beber; proceso de muerte y de vida. De maestro se tornó discípulo, a los pies de Ananías, quien debía darle las primeras instrucciones. Del bautismo surgió un hombre nuevo. Sin escamas, recuperó la vista y también las fuerzas. De su encierro religioso, asumió el sufrimiento profundo por dar a conocer el Nombre de Cristo. Del Saulo perseguidor el Señor formó al Pablo predicador. A esto se llama vocación o conversión paulina.

El Señor te habla también a ti, que estás quizás detenido, detenida, en la tierra del sin sentido, con escamas en los ojos, sin ver ni comprender. Las palabras del orante, en el salmo, son para ti: “Vayan al mundo entero y proclamen en evangelio”. Porque el fin es, no que tú realices tu voluntad propia, sino que todos los pueblos reconozcan y sirvan al Señor, alabando su nombre.

Como dijo san Agustín: “Dios no llama a los capacitados, pero capacita a los que llama”. Por eso, el evangelio te indica, en las palabras de Jesús, dónde está la fuente vocacional, transformadora, de conversión, que te hace nacer de nuevo: “El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él”.

Preguntas que llevan al silencio: ¿Qué significa para ti ser instrumento del Señor? ¿Dónde te quiere Dios para servirle? ¿Tú le quieres servir al Señor como tú quieres o cómo Él quiere ser servido? ¿Quién pone la última palabra? ¿Te estás dejando conducir, con humildad, o tú mismo eres tu mejor consejero? ¿Qué te aconsejas a ti mismo? ¿Has caído en tierra, has pisado tierra, o todavía llevas tu propia ruta? ¿Tú escuchas la voz del Señor en tu interior? ¿Estás seguro, segura, que ya se cayeron las escamas de las pupilas de la fe? Por donde tú pasas ¿das a conocer a Cristo? ¿Tú sabías que el alimento eucarístico te sostiene encendido el amor por el Señor?

Santos y santas de Dios, rueguen por nosotros.

¡Seamos santos!

Hna. Ángela Cabrera
Discípula Misionera por la Santidad


Hna. Ángela Cabrera.

Discípula Misionera por la Santidad

Espacio de reflexión de la Parroquia de los Santos Ángeles Custodios, que invita a realizar una pausa diaria en nuestras actividades cotidianas para dedicarlas a la oración del Evangelio, a través de la meditación y reflexión de la hermana Ángela Cabrera, Discípula Misionera por la Santidad.

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Publicado por PASTORAL DIGITAL PSAC

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