MEDITACIÓN DE LAS LECTURAS: 13/5/25
(Hch 11,19-26; Sal 86; Jn 10,22-30)
IV Martes de Pascua
LA SEÑORA
Hoy, martes 13 de mayo, semana 4ª de Pascua, estamos celebrando a Nuestra Señora de Fátima (Virgen María). Se dirigió a tres pastorcillos (Lucía, Francisco y Jacinta), portugueses, en un lugar llamado Cova da Iria. Era el año 1917. Para el año 1930, la Iglesia declaró dichas apariciones como dignas de fe.
Todo el contexto de la aparición de la Señora nos da a conocer su participación y misión redentora en nuestra historia. La Señora, es también la Madre que no se desentiende de la humanidad sufriente, perdida y desorientada. Es la acompañante fiel, que involucra a pequeños inocentes para darnos a conocer los intereses del cielo y la disposición de ella misma, como intercesora, para que los planes de la Santísima Trinidad sigan adelante.
La expresión de la Señora a los pastorcillos resuena hoy en nuestro interior: “¡No tengan miedo!”. Lo afirma, infundiendo seguridad, porque sabe de qué habla, con quién cuenta, quién conduce la historia. En su lugar privilegiado, nos ayuda a comprender mejor todo lo revelado por Jesús. La aparición de la Virgen es nutriente para la fe. Viene con un mensaje de paz para un contexto de guerras y enfermedades. Ella abre las pautas para que los promotores de la guerra detengan el terror y se dispongan a construir la paz.
El mensaje de Fátima está cargado de esperanza. Es un llamado a la conversión del corazón. La Señora desea que cuidemos el corazón. Con tal motivo, ella ofrece el suyo, inmaculado, para consagrarnos a él. Su corazón es refugio confiable, mientras peregrinamos hacia Dios. Conservarnos en el corazón de la Madre garantiza la unión con el Señor, quien ha vencido al mundo. Él es la esperanza que no defrauda. Para infundir confianza a todos los creyentes la Señora expresó: “¡Mi corazón inmaculado triunfará!”.
La Señora nos da una herramienta, el arma necesaria para perseverar en tan santos propósitos: la vida de oración, especialmente con el Santo Rosario. No pocas veces el enemigo infunde pereza y dejadez, aburrimiento para rezarlo. Vencer todas tentaciones, en Nombre del Señor, es acceder a la fuente de gracia. La gracia se afianza en la contemplación de los misterios de la vida de Jesús, mientras las aves marías acompañan como música de fondo. Quien se decide a sumergirse en dicho misterio, puede decir que tiene garantizada la gracia y la protección de la Virgen contra toda asechanza del mal. A su vez, el Santo Rosario fortalece para caminar en santidad y sacrificio por la salvación universal.
La primera lectura del día, de los Hechos de los Apóstoles, nos remite a las serias persecuciones de las comunidades cristianas primitivas. Pero también, a la promoción de la fe en Cristo, porque en cada lugar que llegaban dejaban la semilla del Reino. En estas comunidades, nunca faltó el respaldo mariano. El acompañamiento de la Señora y Madre garantizó, y sigue garantizando, que nunca falte el vino, que es Jesús, en las tinajas del corazón.
La afirmación de Jesús en el evangelio: “Yo y el Padre somos uno”; permite considerar, desde la perspectiva mariana, que el papel de la Señora en la historia de salvación, se la ha regalado la Santísima Trinidad.
Preguntas que llevan al silencio: Acoge para ti la pregunta que hizo la Señora a los pastorcillos: “¿Quieren ofrecer a Dios, el soportar todos los sufrimientos que Él quisiera enviarles como reparación de los pecados con que Él es ofendido y de súplica por la conversión de los pecadores?” ¿Tú te has puesto a considerar las veces en que ofendes al Señor y de qué manera lo haces? ¿Tú has pensado en los sentimientos de Jesús cada vez que es ofendido? ¿Tú sabes sufrir con paciencia, por Cristo? ¿Unes tus sufrimientos inevitables a los sufrimientos del Señor?
¿Qué te parece el hecho de que la Señora, la Virgen María, no se conforma con ser ella sola inmaculada, sino que desea que todos nosotros lo seamos también? ¿Te sabes refugiar en su corazón inmaculado? ¿Tú sabías que a algunas personas les ayuda rezar el Santo Rosario mirando una vela o velón encendido, para no dispersar el pensamiento, y centrarse en los misterios de Cristo? ¿Qué vas construyendo en tu día a día, signos de guerra o signos de paz? ¿Todos los servicios pastorales que realizas te tocan el corazón; te llevan a una experiencia profunda con Jesús; te provocan conversión? ¿Tú estás colaborando con la Señora en la misión de salvar a la humanidad?
Nuestra Señora de Fátima: tú no eres una Señora distante, inaccesible. Tú eres una Señora, que al mismo tiempo es Madre. Infundes dulzura, pero también respeto. Tienes mansedumbre y a su vez carácter. Eres mujer de decisiones. Te presentamos a nuestro santo padre, Papa León XIV; consérvalo en profundo discernimiento para incidir eficazmente en la cultura de paz para esta humanidad doliente. Y a cada uno de nosotros y nosotras, danos dolor de ofender a Jesús. Que nuestras vidas sean, en ti, fragancia de Cristo, signos de esperanza.
¡Seamos santos!
Hna. Ángela Cabrera
Discípula Misionera por la Santidad

Hna. Ángela Cabrera.
Discípula Misionera por la Santidad
Espacio de reflexión de la Parroquia de los Santos Ángeles Custodios, que invita a realizar una pausa diaria en nuestras actividades cotidianas para dedicarlas a la oración del Evangelio, a través de la meditación y reflexión de la hermana Ángela Cabrera, Discípula Misionera por la Santidad.
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