MEDITACIÓN DE LAS LECTURAS: 21/5/25
(Hch 15,1-6; Sal 121; Jn 15,1-8)
Miércoles V de Pascua
INJERTADOS EN JESÚS
Hoy, miércoles, semana 5ª de Pascua, el Señor prosigue con sus palabras de despedida. Se revela ante sus discípulos como “la vid verdadera”. Él es el árbol de vida. Hay otros árboles, al contrario, que son de muerte. Cuando estás, como si fueras una rama, unido a la vid verdadera, entonces das frutos buenos, sanos, abundantes, en consideración a la esencia donde estás sostenido.
El Señor advierte que toda rama estéril se arranca. La decisión y la acción de arrancar vienen del Padre, que es el viñador. No se explica que la rama, que eres tú y que soy yo, esté ahí ocupando el puesto, de manera inútil. Esto sucede cuando el injerto está mal hecho o son incompatibles rama y tronco. Muchos distractores impiden que la savia divina de Jesús circule, penetre, empape, fecunde el corazón y los sentidos. Consecuentemente, aunque como rama en la vid estés en las cosas de Jesús, podrías estar seco por dentro.
A todo el que da fruto, lo podan. La poda es signo de esperanza. La divina misericordia no se conforma con que tú des algunos frutos, los quiere abundantes. Por eso, la vida espiritual es un constante examinarse, purgarse, purificarse, crecer, corregirse, convertirse, para mejor amar, para mejor servir, y entregar la vida plenamente. Tú no eres un metal unido a Cristo; tu vida es rama, es vida, es humanidad, con cuerpo, sangre, corazón, pensamiento, voluntad, memoria. Por eso, el Padre asume la poda; para que esa rama sea cada vez más digna de estar unida al árbol de vida. La Palabra es el instrumento de limpieza con la cual se desyerban los corazones.
El Señor aclara: “permanezcan en mí y yo en ustedes”. Porque cuando tú, como un injerto, estás unido a Cristo, te sumerges en Él. Poco a poco vas bebiendo de su santidad, de su naturaleza. Pero, al mismo tiempo, el Señor se injerta en tu vida. Es lo que afirma la doctrina de santa Catalina de Siena, señalando la manera cómo la divinidad de Cristo se injerta en nuestra humanidad; gracias a la venda de su caridad y de sus enseñanzas. El Señor lo afirma, “sin mí no pueden hacer nada”. Ninguna rama puede gloriarse de sus frutos. Porque los méritos vienen del tronco que la sustenta.
El destino de la rama seca, o sea, el destino del cristiano o la cristiana que no dé frutos, es ser tirado fuera. Fuera está quien rechaza la comunión con el Señor y la convivencia con los demás. Fíjate que la vid es una y las ramas son numerosas. Todas están unidas a un tronco. Esto habla de un solo maestro y un solo pastor, de una sola enseñanza, y de una comunidad diversa, plural, sostenida por el amor de Cristo. Si estar injertos en Cristo tiene sabor a vida, lo contrario, es optar por la quema y la muerte.
Cuando el Señor exhorta: “pidan lo que desean y se realizará”; está dentro de este contexto de la vid y las ramas. Porque quien pide, desde la unión con Cristo, solo puede desear las mismas cosas que Él desea; que son, a su vez, los mismos deseos del Padre. Los deseos realizados, hechos frutos, dan gloria a Dios, lo reconocen a Él y a Él remiten. Los frutos de vida identifican a los discípulos y a las discípulas del Señor.
Frutos pastorales son registrados en la primera lectura de los Hechos de los Apóstoles. La misión de Pablo y Bernabé aumentaba el número de cristianos. La cantidad de frutos ameritó, para ellos, convocar una reunión para resolver asuntos concernientes a los nuevos bautizados.
Preguntas que llevan al silencio: Comparando tu vida con una rama y a Cristo con un árbol de vida; y pregúntate: ¿Cómo está tu rama? ¿Cómo está la unión de tu rama con el tronco? ¿Hay vida en tu rama?¿Hay algún impedimento bloqueando la savia de la gracia? ¿Tu rama ha experimentado la tentación de apartarse del tronco?¿Quién es el tronco de tu existencia?¿Cuáles son los árboles de muerte que aparentan ser árboles de vida? ¿Dónde estás tú injertado, injertada? ¿Tu rama inspira qué cosa: ser podada o ser retirada?¿Te dejas podar por el Señor, por su Palabra, por sus enseñanzas? ¿Sientes la vida de Cristo en tu propia vida?
¿Cómo el Señor va transformando y perfeccionando tu humanidad? ¿Cómo el Señor te va sumergiendo en la vida en gracia? ¿Estás dando frutos? ¿Dónde están; qué nombres tienen? ¿Y esos frutos: son por tu propio esfuerzo o por el tronco que los sustenta? ¿Tú has agradecido a Aquel que te hace crecer? ¿Para dónde vas con esos frutos; para quién es la cosecha? ¿Con qué prevenir y curar los insectos que intentan malograr los frutos? ¿Qué abono estás consumiendo? ¿Cuál es el agua que te sustenta para que las hojas de tus ramas estén frondosas? ¿Tú sabías que la gente de esperanza todavía en la vejez sigue dando frutos? ¿Tú vida inspira esperanza? Santos y santas de Dios, rueguen por nosotros.
¡Seamos santos!
Hna. Ángela Cabrera
Discípula Misionera por la Santidad

Hna. Ángela Cabrera.
Discípula Misionera por la Santidad
Espacio de reflexión de la Parroquia de los Santos Ángeles Custodios, que invita a realizar una pausa diaria en nuestras actividades cotidianas para dedicarlas a la oración del Evangelio, a través de la meditación y reflexión de la hermana Ángela Cabrera, Discípula Misionera por la Santidad.
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