MEDITACIÓN DE LAS LECTURAS: 29/5/25

Hoy, jueves, semana 6ª de Pascua, estamos preparándonos para celebrar el próximo domingo la Ascensión del Señor. Se ha dicho que esta es “la semana del cielo”; porque introduce a la experiencia prometida por Jesús “su tristeza se convertirá en alegría”.

¿Cuál es la tristeza? El mismo Señor ha dicho: “Dentro de poco ya no me verán, pero poco más tarde me volverán a ver”. Los discípulos no lo verán, porque el Señor anunció su pasión y su muerte. Era su fin, como ser humano de carne y hueso, a causa de quienes planearon su muerte, porque no lo aceptaron. Pero siendo, el crucificado, el Hijo de Dios, dentro de poco lo volverán a ver, con una nueva presencia.

Ese “dentro de poco”, también evoca para nosotros un periodo de tiempo, un momento, un proceso de transición, por lo que, en la vida de fe, tenemos que pasar. Aquí se fundamenta esas etapas de tinieblas, de oscuridad, el desierto, la noche oscura, el silencio de Dios. Es el tiempo donde uno tiene que hacer memoria, sostenerse de las raíces echadas, y tener paciencia para aguardar la salida del sol.

Si tú estás, como esos discípulos, esperando ese “dentro de poco”, porque estás viviendo el duelo, la ausencia, las faltas de respuestas a tus muchas preguntas. Si estás aguardando resultados, conclusiones, entonces nos toca, como a los amigos de Jesús, confiar en Él con mucha fuerza y esperanza. Porque Él lo ha dicho y no miente: “dentro de poco su tristeza se convertirá en alegría”. Tú y yo, en fe, testimoniaremos ese cambio interior de sentimientos. Veremos, con la gracia de Dios, la realización de su promesa.

Hay que tener estómago espiritual para vivir lo descrito por el Señor: “les aseguro que llorarán y se lamentarán ustedes, mientras el mundo estará alegre”. Ese contraste exige no quitar los ojos de Jesús. Hay que examinar el origen de la alegría del mundo y el origen de la tristeza del creyente. Porque la tristeza de quien tiene fe vale mucho más que la alegría del mundo. La tristeza por el deseo de tener al Señor es una tristeza consoladora, que no cae en el vacío. Es una tristeza que será recompensada, premiada, bendecida. Esa tristeza, por amor a Cristo, llevará a vivir la alegría perfecta, la alegría del cielo.

La primera lectura tomada de los Hechos de los Apóstoles, nos presenta la realidad descrita en la persona de Pablo. Estando en Corinto, dedicado a la predicación, también vivió la tristeza de cómo muchos judíos se oponían al evangelio. En vez de aceptar la fe, reaccionaban con insultos y rechazo. En cambio, cuando el apóstol se sacudió la ropa, y se marchó de allí, vivió la alegría de cómo gentiles acogieron las palabras de salvación. Se convirtieron familias enteras.

El salmista nos invita a cantar al Señor, porque es Él quien hace maravillas. Por su fuerza da la victoria, y hace nacer la alegría. La alegría en el Señor no se esconde, tampoco se disimula; sencillamente, se manifiesta y se testimonia. La alegría de los amigos de Dios evangeliza, y se transforma en semilla de nuevos cristianos.

Preguntas que llevan al silencio: ¿Tú has vivido la experiencia de esperar la promesa del Señor? ¿Qué te provoca tristeza? ¿La tristeza tuya es, como la de los discípulos, porque temen perder a Jesús? ¿Tú te pones triste cuando compruebas que te falta la fe? ¿Te pones triste cuando quebrantas tu relación con Dios, con los demás? ¿Eres paciente para atravesar los momentos oscuros? ¿Qué significa para ti estar sostenido al Señor, la esperanza que no defrauda?

¿Cómo tú describes la alegría del mundo? ¿Te has sentido seducido, seducida, por la alegría que da el mundo? ¿Cómo condiciona tus decisiones las alegrías que el mundo promueve? ¿Tú has hecho inversiones por alegrías mundanas que terminan hundiéndote en la tristeza? ¿Por qué, quien vive en la verdad, en la gracia, aunque esté triste sabe que le espera la alegría? ¿Cuál característica tiene la alegría en el Señor? ¿Qué tú comprendes por la expresión: “alegría plena”? ¿Tú sabías que la verdadera alegría no se arrastra con los problemas, con las persecuciones? ¿Tu vida transmite alegría y esperanza a los demás?

Señor, contigo quiero atravesar todos los momentos, incluyendo los tiempos de tristeza. Los discípulos, hoy, me han hecho comprender que no todas las tristezas tienen valor o sentido. Tu amor, Señor, nos hace educar hasta los motivos por los cuales entristecernos. Que me entristezca el riesgo de perderte. Que mi alegría sea saber que tú siempre estarás. Dame, Señor, la fe que necesito para descubrirte en la vida cotidiana.

¡Seamos santos!

Hna. Ángela Cabrera
Discípula Misionera por la Santidad


Hna. Ángela Cabrera.

Discípula Misionera por la Santidad

Espacio de reflexión de la Parroquia de los Santos Ángeles Custodios, que invita a realizar una pausa diaria en nuestras actividades cotidianas para dedicarlas a la oración del Evangelio, a través de la meditación y reflexión de la hermana Ángela Cabrera, Discípula Misionera por la Santidad.

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Publicado por PASTORAL DIGITAL PSAC

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