MEDITACIÓN DE LAS LECTURAS: 02/6/25
(Hch 19,1-8; Sal 67; Jn 16,29-33)
Lunes VII de Pascua
TENGAN VALOR
Este lunes comienza la última semana de Pascua. Luego del acontecimiento de la Ascensión del Señor, nos preparamos para celebrar el gran día de Pentecostés. Mientras, el evangelio nos sigue presentando las palabras de despedida de Jesús a sus discípulos. En ellas, nos da el secreto de cómo vencer, con valor, y permanecer en Él, nadando contra la corriente del mundo.
El pasaje comienza con las palabras de los discípulos. Le dicen al Señor: “Ahora sí que hablas claro y no usas comparaciones. Ahora vemos que lo sabes todo y no necesitas que te pregunten; por ello creemos que saliste de Dios”. Esta declaración de los amigos de Jesús ha sido importante. Han dado un paso valioso. Lo reconocen a Él, saben su procedencia. Aseguran creer en Jesús. Muestran haber comprendido sus enseñanzas. Estas expresiones, que parecen un punto de llegada, realmente se convierten en punto de partida, porque el camino apenas comenzaba.
En el seguimiento de Jesús, no basta con expresar, en un diálogo íntimo, que se comprenden las verdades reveladas y que, además, se tiene fe. Se hace necesario un paso más. Por eso, cuando ellos terminan de hablar, el Señor les interroga: “¿Ahora creen?”. Es como si les estuviera advirtiendo que nadie puede decir que tiene fe, hasta que ésta no haya sido probada en el fuego, en la vida, en la lucha, en medio de las persecuciones.
El Señor les argumenta: “Está para llegar la hora, mejor, ya ha llegado, en que se disperse cada cual por su lado y a mí me dejen solo”. A nosotros también, que meditamos estas palabras de Jesús, nos ha llegado la hora anunciada. Podemos enumerar los problemas, los nudos, las contrariedades que nos circundan. A cualquiera le amenaza la tentación de dejar a Jesús, de abandonar su camino, de dejar enfriar la fe, de soltar la toalla y seguir el propio rumbo. Pero observa un detalle. Jesús afirma: “No estoy solo, porque está conmigo el Padre”. Quien queda sola, realmente, es la persona que se aleja del Señor.
Es mejor permanecer en el Señor, atravesar con Él las horas tristes y vivir la profunda alegría de ser, en su Nombre, vencedores y vencedoras. No hay alegría en la victoria para quien no ha sabido combatir, mantenerse, resistir. El Señor, que conoce la templanza necesaria para toda prueba de fe, les da el secreto para ganar. “Tengan valor: Yo he vencido al mundo”. Para vencer con Jesús, necesitamos la fuerza del Espíritu Santo. Esta es la importancia de estar vigilantes para su llegada en Pentecostés.
Los Hechos de los Apóstoles nos presentan a san Pablo en Éfeso. Al preguntarles a algunos discípulos si habían recibido el Espíritu Santo, estos contestaron: “Ni siquiera hemos oído hablar de un Espíritu Santo”. Esos discípulos habían pertenecido al grupo de Juan Bautista, solo habían recibido el bautismo de agua, para la conversión del corazón.
El apóstol les recordó las mismas palabras de Juan, quien introdujo la venida de Jesús para que creyeran en Él. Esos desconocedores del Espíritu Santo, convencidos, decidieron bautizarse en el Nombre del Señor. Cuando Pablo les impuso las manos recibieron el Espíritu Santo. La presencia, en ellos, de la Tercera Persona de la Trinidad les permitió hablar en lenguas y profetizar. Con el Espíritu recibieron, al mismo tiempo, sus dones y sus carismas.
Hasta el salmo del día expresa los signos de la fuerza de Dios operando en la historia mediante el Espíritu Santo: “Se levanta Dios, y se dispersan sus enemigos, huyen de su presencia… como humo se disipa… como se derrite la cera ante el fuego, así perecen los impíos ante Dios”. En cambio, asegura el orante, que quienes permanecen en la presencia del Espíritu Santo, rebosan de alegría; la cual inspira e invita a cantar para el Señor.
Preguntas que llevan al silencio: ¿Por qué en nuestros días es tan frecuente escuchar la palabra “miedo”? ¿Por qué la fe necesita ser probada? ¿Por qué una persona creyente tiene paciencia a la hora de la prueba? ¿Cómo estaría tu casa interior si no recibe la asistencia del Espíritu Santo? ¿Tú invocas la presencia del Espíritu Santo en tu casa, en tu familia? ¿Tú te atreves a enfrentar un discernimiento, por más sencillo que sea, sin llamar al Espíritu que te asista? ¿Cuál es tu actitud interior cuando te llegan los problemas? ¿Te has sentido solo, sola? ¿Por qué Jesús nunca se sintió solo aunque estuviera sin personas en su entorno? ¿Por qué el hombre, la mujer, de oración profunda nunca están solos? ¿Por qué la presencia del Espíritu Santo trae paz a tu corazón? ¿Tú sientes el valor del Espíritu Santo? ¿Y para qué te daría valor el Espíritu? ¿Tú sabías que el Espíritu Santo solo te daría valor para todas las cosas que son santas, de intereses de Dios, de paz y de justicia? Santos y santas de Dios, rueguen por nosotros.
¡Seamos santos!
Hna. Ángela Cabrera
Discípula Misionera por la Santidad

Hna. Ángela Cabrera.
Discípula Misionera por la Santidad
Espacio de reflexión de la Parroquia de los Santos Ángeles Custodios, que invita a realizar una pausa diaria en nuestras actividades cotidianas para dedicarlas a la oración del Evangelio, a través de la meditación y reflexión de la hermana Ángela Cabrera, Discípula Misionera por la Santidad.
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