MEDITACIÓN DE LAS LECTURAS: 9/6/25

El lunes luego de Pentecostés, se retoma el Tiempo Ordinario. Siendo que el misterio de Pentecostés continúa en la Iglesia, en este día fue instituida la fiesta de la Bienaventurada Virgen María, Madre de la Iglesia. El papa Francisco, en el año 2018, la fijó; siguió el camino trazado por el Concilio Vaticano II y los papas posconciliares, que así la reconocieron y promovieron.

En el evangelio de Juan, se nos presenta la Madre al pie de la cruz, y en pie. Allí estaba, como testigo principal, al momento en que nacía la Iglesia del corazón traspasado de Cristo (Cf. Catecismo 766). A criterio de Jesús, y en su experiencia mariana maternal, tuvo a bien considerar su lugar entre los creyentes de todos los tiempos. Al confiarla a Juan, y en Juan, entregarnos a Ella a todos nosotros, podemos afirmar que María es Madre de la Iglesia.

En la primera lectura, del libro de los Hechos de los Apóstoles, se afirma la presencia mariana allí, en la comunidad naciente. Se testimonia que el deseo de Jesús en la cruz se hizo vida desde los inicios del cristianismo. Dice el pasaje que estaban los discípulos más íntimos de Jesús, formado por el grupo de los Doce; estaban otros más. También se evidencia la presencia de varias mujeres, especialmente de la Madre de Jesús.

De esa comunidad, se afirma que estaban todos y todas, unidos y reunidos, en la sala superior; perseverando en oración. Meditemos en este detalle tan hermoso, cómo la Madre, desde los inicios, inspiró confianza y permanencia en la fe. Afirma la tradición de la Iglesia que “Ella pedía con sus oraciones el don del Espíritu; el que en la Anunciación la había cubierto con su sombra” (LG 59).

En la tradición de la Iglesia, la Madre ha sido designada con distinciones como: “Abogada”, “Auxiliadora”, “Mediadora”, “Socorro”, “Esclava del Señor”, “Llena de gracia”; “Asunta al cielo”, “Inmaculada”, “La nueva Eva”, “Madre de Dios”: porque cuando decimos “Creo en Jesucristo”, reconocemos que Él es “Dios de Dios, luz de luz, Dios verdadero, de Dios verdadero”. María es Madre de Dios, no en el sentido de haberle dado a luz, sino en que siendo Madre de Cristo, quien es, al mismo tiempo, Dios y hombre verdadero; es Madre de sus dos naturalezas (humana y divina).

Al celebrar, en este día, que Ella es “Madre de la Iglesia”, reconocemos que colaboró, con amor, para que nacieran en la Iglesia los creyentes. La misión maternal de María, de ninguna manera disminuye o hace sombra a la única mediación de Cristo. Ninguna criatura puede ser puesta en el mismo orden que el Verbo encarnado (Cf. Catecismo n. 963).

Desde antiguo, la Iglesia, en la santísima Virgen llegó ya a la perfección, mientras que “los creyentes se esfuerzan todavía en vencer el pecado para crecer en la santidad” (LG 65). Ella, como Madre que no quiere estar sola inmaculada, nos guía, inspira, acompaña, en este valle de lágrimas. No se desentiende de los dolores y tragedias de la humanidad.

Algunas personas confunden los conceptos “veneración” y “adoración” con relación a la postura de la Iglesia referente a la Virgen María. Dice el Catecismo: “La veneración a su persona se comprende como una demostración de gran amor y respeto por su virtud, dignidad, santidad; por su gracia de estar en el cielo, resucitada. La veneración a María es diferente del culto de adoración exclusivamente a la Santísima Trinidad. Se contempla en María aquello que nosotros quisiéramos llegar a ser. Por eso, está presente en la Eucaristía y destacamos su memoria; en comunión con Ella, se ofrece dicho sacrificio” (Cf. CIC: 487; 971; 2146; 2675-79; 1172).

Hoy, como ayer, la Madre sigue perseverando con nosotros y nosotras, para que el Espíritu Santo siga purificando, con su fuego, la historia humana y de toda la creación. La Madre se alegra con cada hijo o hija que le pide auxilio para unirse íntimamente a su Hijo Jesús. Ella nos hace avanzar velozmente a dicha experiencia cristocéntrica, pues nadie como la Madre sabe llegar hasta el Hijo.

Preguntas que llevan al silencio: ¿Quién es la Virgen María para ti? ¿Por qué la Virgen, en la Iglesia Católica, no se adora, sino que se venera? ¿Cuáles rasgos, de la Virgen María, quisieras cultivar en tu vida cotidiana? ¿Tú quieres tener con la Madre una relación de amistad, de confianza, de guía espiritual? ¿Te has detenido a conocer a profundidad el sentido del rezo del Santo Rosario? ¿Tú sabías que el Santo Rosario es una síntesis de todo el evangelio? ¿Qué dice a tu vida estos temas marianos: la humildad, la alegría, la fe, la obediencia, y el sí?

Hagamos oración con algunas frases de santos referentes a la Virgen María:
San Maximiliano Kolbe: “Nunca tengas miedo de amar demasiado a la Virgen. Jamás podrás amarla más que Jesús”. Santa Teresa de Calcuta, “Ella es “sacerdotisa”, que lleva a Jesús a los demás”. San Bernardo, la llama: “palomita de Dios”; “María no solo corre, sino que vuela, en auxilio de quienes la necesitan”.
María, Madre de la Iglesia, ruega por nosotros.

¡Seamos santos!

Hna. Ángela Cabrera
Discípula Misionera por la Santidad


Hna. Ángela Cabrera.

Discípula Misionera por la Santidad

Espacio de reflexión de la Parroquia de los Santos Ángeles Custodios, que invita a realizar una pausa diaria en nuestras actividades cotidianas para dedicarlas a la oración del Evangelio, a través de la meditación y reflexión de la hermana Ángela Cabrera, Discípula Misionera por la Santidad.

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Publicado por PASTORAL DIGITAL PSAC

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