MEDITACIÓN DE LAS LECTURAS: 13/6/25
(2Cor 4,7-15; Sal 115;Mt 5,27-32)
Viernes X del Tiempo Ordinario
SAN ANTONIO DE PADUA
Hoy, viernes de la 10º semana del Tiempo Ordinario, tenemos la memoria obligatoria de san Antonio de Padua (1195-1231), sacerdote franciscano, de Portugal. Su nombre de Bautismo es Fernando. A los 15 años ingresó a la Orden de los Canónigos Regulares de san Agustín. Fue ordenado sacerdote a los 24 años de edad. Realizó las carreras de filosofía y teología. Se destacó por su estudio contemplativo de la Sagrada Escritura, donde se inspiraba para sus profundas, sencillas y fecundas predicaciones.
En cierta ocasión, al contemplar, en una Iglesia, los restos de cinco misioneros franciscanos, torturados y asesinados en Marruecos, Antonio confirmó estar llamado a una vida más radical. Ingresó a la Orden fundada por san Francisco. Fue ahí donde adoptó el nombre “Antonio”, elegido por él, al querer seguir los lineamientos espirituales de un antiguo anacoreta egipcio.
Siendo contemporáneo de san Francisco, tuvieron un encuentro. Como resultado, este contacto le reafirmó la opción. Por sus dones, lo encargaron de la formación de los nuevos estudiantes, y también lo escogieron provincial de una región. Quiso vivir en una pequeña comunidad en Padua. Nunca dejó de predicar, visitar a los frailes, fundar nuevos conventos, dedicar horas al confesionario, tratar con personas sencillas, atraer multitudes al Señor, y desear ir a los lugares de martirio.
Al enfermarse, Antonio partió a un pueblo más pequeño, de retiro. Durante el día se relacionaba con las personas sencillas; de noche continuaba el ritmo de oración. Al advertir que le había llegado la hora de partir de este mundo, quiso que lo regresaran a Padua. Mientras lo trasladaban, en el trayecto, en un carro de bueyes, expiró murmurando: “Veo a mí Señor”. En Padua es identificado, sencillamente, como “el santo”. Fue canonizado por el Papa Gregorio IX, antes de pasar un año desde el día de sus exequias, el 30 de mayo de 1232. El Papa Pío XII lo declaró Doctor de la Iglesia el 16 de enero de 1946.
Meditando en la vida de san Antonio, tú y yo, tenemos una hermosa motivación para buscar a Dios, quien nos quiere santos y santas. Ante este trascendente llamado, san Pablo nos ayuda mediante la carta dirigida a los Corintios. Recuerda: “El tesoro del ministerio lo llevamos en vasijas de barro”. Es que la santidad, tomarse a Dios en serio, no se sostiene solo con propósito humano, sino con fuerza divina. En esa debilidad que experimentas en tu propia persona, ahí Dios se quiere glorificar. Él es quien hace la obra. Nos queda a nosotros, sencillamente, dejarnos hacer, dejarnos conducir, sin perder la meta, hacia el premio, la corona que no se marchita.
Solo la fuerza que nace del Espíritu Santo sostiene a los que sinceramente se entregan al Señor. Como Pablo, pueden experimentar momentos de aprietos, apuros, derribos, y hasta la misma muerte; sin embargo, la fe levanta, sostiene. Observa lo que dice el apóstol: “Creí, por eso hablé”. Ahora, te puedes preguntar cómo hacer ese camino de crecimiento integral, donde dejes la cobardía, y te hagas un verdadero hombre, una verdadera mujer, según el querer de Dios, y no el querer del mundo con sus caprichos.
El evangelio nos presenta un camino discreto de santidad; educar los deseos. En la antigüedad, por ejemplo, se cumplía el sexto mandamiento “no cometiendo adulterio”. Para Jesús, no solo con el acto, sino con el deseo ya se está pecando. Por eso, Él instruye “cuidar el ojo”, o sea, si este nos hace caer, es mejor “sacarlo”; quiere decir, cortar de raíz la tentación. Es una advertencia para no despertar o alimentar deseos engañosos con la vista. Dime lo que miras y podré hablarte de los deseos que alimentas en ti. Recuerda que luego del deseo, viene la exigencia del acto. El Señor, de igual manera, considera que si tu mano te hace caer, es mejor cortarla. Significa ayudarte a ti mismo, a frenar y a evitar todo tipo de avaricia, de violencia, o impureza, que te aparte del sueño de Dios para ti.
Preguntas que llevan al silencio: ¿Qué te ha parecido esta vida de san Antonio de Padua? ¿Tú deseas, en el corazón, ser un santo, una santa? ¿Te sientes mal cuando te ignoran, cuando te desprecian? ¿Tú sabías que esas pequeñitas pruebas son las que comienzan a cocinar a los santos y a las santas en el interior? ¿Tú sabías que ser santo es dejar de vivir para sí y volcarse a vivir para responder al querer de Dios? ¿Por qué se alegran los santos en las humillaciones? ¿Tú sabías que cada humillación, sin buscarla, ayuda a bajar el orgullo, el primer contrario de la humildad? ¿Con qué se te están embelesando los ojos? ¿Las cosas de Dios te están maravillando? ¿Cómo haces peregrinar la vista, desde el puerto de la vanidad al puerto seguro de la autenticidad? ¿Tú sabías que tus pensamientos guían las acciones de tus manos? ¿Tú quieres saber de la vida de los santos o quieres llevar una vida en santidad? Santos y santas de Dios, rueguen por nosotros.
¡Seamos santos!
Hna. Ángela Cabrera
Discípula Misionera por la Santidad

Hna. Ángela Cabrera.
Discípula Misionera por la Santidad
Espacio de reflexión de la Parroquia de los Santos Ángeles Custodios, que invita a realizar una pausa diaria en nuestras actividades cotidianas para dedicarlas a la oración del Evangelio, a través de la meditación y reflexión de la hermana Ángela Cabrera, Discípula Misionera por la Santidad.
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