MEDITACIÓN DE LAS LECTURAS: 1/7/25
(Gn 19,15-29; Sal 25; Mt 8,23-27)
Martes 13ª semana de tiempo ordinario
FE Y OBEDIENCIA
Hoy, martes, semana 13ª del Tiempo Ordinario, la primera lectura, tomada del Génesis, narra cómo los ángeles del Señor ayudaron a Lot, el sobrino de Abrahán, y a su familia, a salvarse de la destrucción de Sodoma y Gomorra. Esta distinción recuerda las súplicas de Abrahán, para que el Señor tuviese misericordia en referencia a las personas justas del lugar. La familia, mientras salía, fue advertida, por los mensajeros de Dios, de no mirar atrás.
¿Qué sentido tendría mirar atrás, cuando ya todo el pasado está ensombrecido, destinado a la muerte? No tiene fundamento volver la vista cuando se está en camino de la vida. La mirada atrás refleja nostalgia; evoca posibles apegos o añoranzas del mundo pasado. Cuando Dios invita a salir de un lugar, de una realidad, para un nuevo comienzo, exige confianza y disponibilidad total. El relato muestra la desobediencia de la mujer de Lot, quien, al mirar atrás, se convirtió en estatua de sal. En el pensamiento de Santa Catalina de Siena, la desobediencia procede de la soberbia, y aparta de la humildad, lleva a la muerte.
Tú y yo caemos en el riesgo de convertirnos en “estatua de sal” cuando vamos, ante el mandato del Señor, con pasos vacilantes; confiando pero dudando a la vez. Nos podemos convertir en “estatua de sal” cuando la poca fe impide el avance, con determinación, hacia la promesa. Las estatuas son inmóviles; y así de estáticos nos convierten la incredulidad, la desconfianza y la desobediencia.
El evangelio nos hace meditar que la “fe” y la “obediencia” son virtudes inseparables. De hecho, para la doctora de Siena, “en la obediencia está fundada la roca de la santísima fe. El que esté desposado con esta reina no siente mal alguno: percibe paz y quietud. No le pueden dañar las olas del mar tempestuoso ni tempestad alguna; ni siente enojo en el tiempo de la injuria, porque quiere obedecer…”.
De ahí el reproche de Jesús a los discípulos ante el episodio de la tempestad en la barca. Mientras viajaban, se levantó un fuerte temporal. Jesús dormía. Los discípulos lo despertaron gritándole: “¡Señor, sálvanos, que nos hundimos!”. La primera reacción del Señor fue interpelante: “¡Cobardes! ¡Qué poca fe!”. Y es que la fe no se improvisa. Si no se ha invertido “aceite” suficiente en la “lámpara” es imposible que esta alumbre en la oscuridad. Tú puedes hablar bonito, pero a la hora del aprieto queda evidente aquello que te sustenta.
La imagen de Jesús dormido no significa desinterés o indiferencia de su parte. Esos discípulos han sido instruidos, preparados… el Maestro permite que le llegue la prueba, en la vida; toda virtud necesita ser probada. Por la desesperación de los Doce, por el agobio ante el imprevisto, quedó demostrado que todavía su fe era débil, pequeña, inmadura. La cobardía les fue denunciada en la propia cara. Lejos de ofenderles, el Señor buscó que constataran la necesidad de crecer en confianza. Les permitió ser testigo de su autoridad hasta con la naturaleza.
El asombro de los discípulos, les llevó a preguntarse: “¿Quién es este?”. Es la admiración que ha de quedarse con nosotros y nosotras en este día. Si hasta el viento y el agua le obedecen, quiénes somos tú y yo para vivir en desobediencia.
Preguntas que llevan al silencio: Cuando el Señor te ilumina para tomar decisiones, ¿te echas para atrás? ¿Qué estás añorando con mirar hacia atrás? ¿Cuáles son las consecuencias de quien camina mirando para atrás? ¿Existe alguna realidad que te mantenga, en este momento de tu vida, como persona estática? ¿Has tenido experiencia de ser “estatua de sal”, de vivir estancado, preso, presa, de un pasado que ya no existe? ¿Qué es lo que más prevalece en ti: la duda o la confianza?
En la realidad que vives actualmente, ¿tú sientes que Jesús está cerca de ti? ¿Crees que está despierto, actuante, o sientes que Él está “dormido”? ¿Cómo tú interpretas el “dormir” de Jesús? ¿Tú sabes tener paciencia hasta que el Señor “despierte”? ¿Mientras el Señor “duerme”, en qué te sostienes para confiar? ¿Todas las enseñanzas de Jesús, todos los retiros, las vitaminas espirituales recibidas qué efecto hacen en ti? ¿Tú sabes permanecer confiadamente mientras pasan los vientos fuertes? ¿Al Jesús mirar tus reacciones te llamaría: hombre, mujer, de fe o te diría cobarde? ¿Qué tú estás haciendo para alimentar tu fe? ¿Tú obedeces las verdades de fe? ¿Sabías que si Jesús no “duerme” no tendrías cómo comprobar si tu fe está madura? ¿Tú sabías que el “dormir” de Jesús es, realmente, su manera de estar presente con los ojos de la fe?
Señor, como el salmista, tengo ante los ojos tu bondad. Escrútame, Señor, ponme a prueba, sondea mis entrañas y mi corazón. Busco caminar en tu verdad. Deseo que mis pies se mantengan en tu camino. Que mi corazón no se aparte de tu ternura y de tu misericordia. Dame la fe, Señor, que tanta falta me hace. Que sepa, por amor a ti, obedecerte; así como me enseñan a hacerlo hasta el viento y las aguas.
¡Seamos santos!
Hna. Ángela Cabrera
Discípula Misionera por la Santidad

Hna. Ángela Cabrera.
Discípula Misionera por la Santidad
Espacio de reflexión de la Parroquia de los Santos Ángeles Custodios, que invita a realizar una pausa diaria en nuestras actividades cotidianas para dedicarlas a la oración del Evangelio, a través de la meditación y reflexión de la hermana Ángela Cabrera, Discípula Misionera por la Santidad.
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