MEDITACIÓN DE LAS LECTURAS: 29/7/25
(1Jn 4,7-16; Sal 33; Jn 11,19-27)
XVII Martes Tiempo Ordinario.
LOS HERMANOS SANTOS DE BETANIA:
MARTA, MARÍA Y LÁZARO
Hoy, martes, semana 17ª del Tiempo Ordinario, tenemos la memoria obligatoria de los santos: Marta, María y Lázaro. Tradicionalmente solo era celebrada la fiesta de Santa Marta, pero en el pontificado del papa Francisco, se incluyeron los tres hermanos. No por casualidad, se afirma en Juan 11,5, el amor especial que el Señor Jesús sentía por ellos.
En las páginas del Nuevo Testamento, se registra la casa de Betania; una ciudad a unos tres kilómetros de Jerusalén (Jn 11,18). En ocasiones Jesús se hospedó allí; parada necesaria en medio de sus jornadas misioneras. Este hecho es significativo y nos mueve a la reflexión. ¡Cuántas inspiraciones al imaginar el hogar escogido por Jesús para hospedarse!
El evangelio de Lucas 10,38-42, presenta a Jesús visitando la casa de Betania, estando presentes Marta y María. Esta escena, en el fondo, recoge una enseñanza, especialmente para estos tiempos, donde el mucho “quehacer” intenta absorbernos. Las dos hermanas, en torno a Jesús, ya sea sirviéndole o estando con Él, nos alertan sobre esas dos dimensiones que necesitamos conjugar. La dimensión del servicio, que nos viene con el rostro de Marta, y la vertiente de la contemplación, por parte de María.
La mucha faena, sin vida interior, se convierte en la imagen de una carreta vacía, de poco peso y mucho ruido. Pero una vida, llamada espiritual, desentendida del servicio, no sería creíble, ni tendría la sustancia de la coherencia. Por tanto, las dos hermanas, en torno a un solo Maestro, se convierten para nosotros y nosotras en modelo de santidad.
En Juan 11,19-27, se nos muestra el episodio donde muchos judíos iban a consolar a Marta y a María por la muerte de su hermano Lázaro. En este contexto, evidenciamos uno de los rasgos más humanos de Jesús, llorar por la muerte de un amigo (Jn 11,35). Sin embargo, lo que para muchos era muerte, para Jesús era un sueño. La tristeza de la familia y de los amigos, se convertirá, desde el amor y la fe, en un signo de resurrección. El que Jesús llegara al cuarto día de la muerte de Lázaro, habla de su autoridad para devolver la vida. Un milagro de esta magnitud fortalece la fe.
En medio del duelo, tan pronto Marta se entera de que Jesús llegó a la casa, salió a su encuentro; María permaneció dentro. Estas dos posturas también nos enseñan. María nos muestra los frutos de la contemplación. Al momento del aprieto, esperó el consuelo de Dios. Marta, nos recuerda, la confianza de abrazarnos a Jesús, y hablarle de nuestro dolor. Así nacieron las palabras del Señor: “Yo soy la resurrección y la vida. El que cree en mí, aunque haya muerto vivirá; y todo aquel que está vivo y cree en mí, no morirá para siempre”.
Según los argumentos de Benedicto XVI, “la vida eterna” comienza en este presente, con la fe en Cristo Jesús. La vida verdadera nace con la conciencia de pertenecer a Cristo y vivir en Él. Esta vida no puede ser rebatida por la muerte física; se prolonga y alcanza plenitud más allá. Desde esta explicación, situamos las palabras de Marta, cuando reacciona a Jesús diciéndole: “Creo firmemente que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios, el que tenía que venir al mundo”. Con esta profesión de fe, ahora podemos afirmar, que también Marta, como su hermana María, supo escoger la mejor parte.
En Juan 12,1-11, se narra el episodio donde Jesús, luego de haber resucitado a Lázaro, se encuentra en Betania, en una cena. Allí, en la intimidad de la familia, los hermanos pudieron ser, en torno a Jesús, cada uno, un modelo de santidad, según su propia persona. Marta, sirviendo. Lázaro, compartiendo la mesa con Jesús. Y María, ungiendo los pies del Señor, hasta llenar la casa de perfume. En la actualidad, Marta, es reconocida como patrona de las amas de casa, las cocineras, modelo de hospitalidad. María, está vinculada a las vocaciones orantes y contemplativas; y Lázaro, a los moribundos y necesitados.
Preguntas que llevan al silencio: ¿Cómo está tu relación con Jesús? ¿Procuras que tus hermanos y hermanas también conozcan al Señor? ¿Cómo se busca la santidad en familia? ¿Cómo describirías el hogar de Betania? ¿Por qué a los hermanos Marta, María y Lázaro no solo los unían los lazos de sangre? ¿Qué te une a ti con tus propios hermanos? ¿El Señor está como fundamento de unión en tu familia? ¿Con cuáles de los tres hermanos te identificas, en este momento de tu vida? ¿Tú sientes que estás viviendo o estás agonizando? ¿Cómo está tu vida interior? ¿Cómo está tu dimensión de servicio y entrega? ¿Tú estás, como Lázaro, dejando el sepulcro, saliendo a la vida?¿En cuáles rostros viene Jesús a tu casa?
Señor, como dijo Santa Faustina: “Quiero que mi corazón sea como esa casa de Betania, donde tú vengas a descansar”. Que pueda, Señor, amarte más y que amándote a ti, pueda brotar de mi interior actitudes de amor y acogida a los demás. Que la casa donde tú habites, mi corazón, sea santuario florecido de alabanzas continuas. No quiero que solo visites, Señor, sino que te quedes para siempre. Bendice, Señor, con tu santa presencia, a las familias del mundo entero. Que como Marta, María y Lázaro, aprendamos a caminar en justicia y santidad.
¡Seamos santos!
Hna. Ángela Cabrera
Discípula Misionera por la Santidad

Hna. Ángela Cabrera.
Discípula Misionera por la Santidad
Espacio de reflexión de la Parroquia de los Santos Ángeles Custodios, que invita a realizar una pausa diaria en nuestras actividades cotidianas para dedicarlas a la oración del Evangelio, a través de la meditación y reflexión de la hermana Ángela Cabrera, Discípula Misionera por la Santidad.
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