MEDITACIÓN DE LAS LECTURAS: 30/9/25

Hoy, martes, semana 26ª del Tiempo Ordinario, la Iglesia celebra la memoria obligatoria de san Jerónimo. Originario de Stridon, actual Croacia. Nació alrededor del año 347 d.C. Pertenecía a una familia acomodada, donde recibió una sólida educación. Perfeccionó sus estudios en Roma.

En Roma, Jerónimo tuvo una vida desordenada. Cierto día tuvo un sueño. Jesús le preguntó: -“¿A qué religión perteneces?”. Le respondió Jerónimo: “Soy cristiano católico”. Jesús le corrigió: “No es verdad. Tus lecturas son todas paganas. No encuentras un momento para leer la Sagrada Escritura”. Se despertó llorando. En adelante, su vida cambió. Buscó la vida contemplativa.

Jerónimo marchó al desierto, en oriente. Aprendió los idiomas bíblicos, griego y hebreo. Meditó hondamente la Palabra en la soledad y el silencio. Descubrió el gran abismo entre la vida terrenal y la vida cristiana. Se afianzó su fe. Hacía penitencia por sus pecados como la sensualidad, su mal genio y su orgullo. Sin embargo, no lograba sentir paz. El Señor le hizo saber que su vocación no era vivir en el desierto. Permaneció unos años en Antioquía, perfeccionando sus conocimientos en las lenguas bíblicas.

En el año 379 Jerónimo fue ordenado sacerdote con casi 40 años. Se trasladó a Constantinopla donde continuó estudiando griego con san Gregorio Nacianceno. En el año 382 volvió a Roma. El papa Dámaso lo escogió como su secretario y consejero. Lo invitó a realizar una nueva traducción de los textos bíblicos en latín.

Las traducciones al latín, de la Biblia, en la época de Jerónimo, no eran de calidad. Fue él quien, gracias a los dones que el Señor le había regalado, de estudiar, meditar, profundizar, por amor, la Palabra, pudo hacer una traducción magnífica de la Sagrada Escritura. Esta Biblia se llama “Vulgata”; fue la traducción oficial de la Iglesia durante 15 siglos. En la actualidad, es referencia básica para la mayoría de traducciones modernas.

En Roma fundó un círculo bíblico. Les enseñaba a las mujeres. Era, al mismo tiempo, director espiritual. Con todo, conservaba un fuerte carácter. Corregía con dureza las limitaciones de los demás. Les exigía con mucha firmeza y agresión el camino de santidad. Sus normas estrictas no eran aceptadas por todos los sectores. Era, además, polémico con los entendidos o intelectuales. Condenaba rigurosamente todos los vicios. No era fácil dialogar con él. Le tenían envidias y rencores. Era incomprendido. A pesar de su carácter, era amado por muchos. Cuando el papa Dámaso murió, Jerónimo decidió partir a Tierra Santa. La tierra de Jesús. Tras él fueron discípulos suyos. Por donaciones de estos, construyó un monasterio masculino y dos femeninos, así como una hospedería para peregrinos.

Se instaló en una gruta de Belén, donde pasaría los últimos 35 años de vida. Allí, cerca, abrió una escuela y enseñaba Biblia de forma gratuita. También produjo numerosos libros llenos de sabiduría, y se extendieron por todo el mundo. Se conservan de él más de 150 cartas, tratados apologéticos, comentarios bíblicos, etc. Jerónimo, era un defensor de la fe. Hombre de oración. Escogido por Dios para explicar y hacer entender la Biblia. La estancia en el país bíblico le ilustró mucho para ahondar en la Sagrada Escritura.

Cuentan que una noche de Navidad, después de quedar solo en su celda, tuvo una aparición del Niño Jesús. Este le dijo: “¿Qué vas a regalarme en mis cumpleaños?”. Jerónimo le ofreció muchas cosas de sus grandes conquistas. Pero el Niño, luego de muchas propuestas, le aclaró a Jerónimo lo que Él quería: “Regálame tus pecados para perdonártelos”. Él le respondió al Niño: “Tienes que estar loco de amor cuando me pides esto”.

Jerónimo murió en su celda cerca de la Gruta de la Natividad el 30 de septiembre, quizás del año 420. Estaba debilitado por las penitencias. Entregó su alma a Dios para recibir el premio de sus fatigas. Ya estaba cerca de sus 80 años. El Papa Sixto V, cuando vio una de sus pinturas, donde Jerónimo se daba golpes en el pecho, dijo: “Menos mal que te arrepentiste de tu manera de corregir, porque no hubieses sido santo”. Jerónimo ha sido reconocido como Padre de la Iglesia y “Doctor eminente en la interpretación de las Sagradas Escrituras”. Es patrono de quienes se dedican a entender la Biblia y hacer que se entienda.

El conjunto de las lecturas del día: Zacarías, el Salmo 86, y el evangelio de Lucas, fundamentan, en clave de interpretación por el mes de la Biblia, la universalidad de la Palabra. Con la aceptación de la Buena Nueva, tenemos un nuevo nacimiento espiritual. Jesús nos advierte que vivir su Palabra implica asumir rechazos; pero ante las adversidades no hay que reaccionar con violencia, como pretendieron Santiago y Juan; sencillamente, hay que contornear la piedra y marchar por otro rumbo, sin detener el anuncio.

Preguntas que llevan al silencio: ¿En qué te ayuda conocer a Jerónimo antes y después de su conversión? ¿Por qué la Iglesia no oculta las limitaciones de sus santos? ¿Cómo descubrió Jerónimo el lugar y el servicio que el Señor había escogido para él? ¿Por qué tenemos que tener caridad al tratar las limitaciones de los demás? ¿Es sencillo o complejo dialogar contigo? ¿Te consideras una persona tratable? ¿Por qué en la Palabra y en la Eucaristía todos nacemos nuevamente? ¿Si le respondes a Jesús que eres cristiano católico, cómo reaccionaría? ¿Tú estás leyendo, meditando, viviendo la Palabra? ¿Ayudas para que otras personas comprendan la Biblia?

Hacemos oración con algunas de las frases más destacadas de san Jerónimo: “Desconocer las Escrituras es desconocer a Cristo”. “Ama las Sagradas Escrituras, y la sabiduría te amará; ámala tiernamente y te custodiará; hónrala y recibirás sus caricias”. Que tus acciones no desmientan tus palabras, para que no suceda que, cuando prediques en la Iglesia, alguien en su interior comente: ‘¿por qué entonces tú no actúas así?’ San Jerónimo, ruega por nosotros.

¡Seamos santos!

Hna. Ángela Cabrera
Discípula Misionera por la Santidad


Hna. Ángela Cabrera.

Discípula Misionera por la Santidad

Espacio de reflexión de la Parroquia de los Santos Ángeles Custodios, que invita a realizar una pausa diaria en nuestras actividades cotidianas para dedicarlas a la oración del Evangelio, a través de la meditación y reflexión de la hermana Ángela Cabrera, Discípula Misionera por la Santidad.

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Publicado por PASTORAL DIGITAL PSAC

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