MEDITACIÓN DE LAS LECTURAS: 10/11/25
(Sab 1,1-7; Sal 138; Lc 17,1-6)
XXXII Lunes del Tiempo Ordinario
SAN LEÓN MAGNO
Hoy, lunes de la 32ª semana del Tiempo Ordinario, la Iglesia celebra la memoria obligatoria de san León Magno. Nacido en Italia hacia el año 390, fue el papa número 45 en la historia de la Iglesia. Su pontificado se desarrolló entre los años 440 y 461. El sobrenombre de “El Grande” le fue atribuido por haber hecho de su tiempo una etapa luminosa. Impartió abundantes enseñanzas teológicas y espirituales, y se empeñó en mantener, fundamentar y promover la unidad de la Iglesia. Nunca descuidó a los fieles, especialmente a los pobres, sin dejar de influir positivamente en la crisis política y social de su época, siendo pastor para todos.
La magnitud de sus enseñanzas y su recto liderazgo, acompañado de un testimonio coherente de vida, sencillez y cercanía, lo presentaron como teólogo y pastor. Dejó a la historia numerosos sermones y cartas, en los que sostuvo la integridad de la fe y el acompañamiento de los creyentes. Entre sus planteamientos, la Liturgia de las Horas recuerda hoy palabras como estas: “La diversidad de funciones en la Iglesia no es causa de división entre sus miembros, ya que todos están unidos a la cabeza. Todos gozan de la misma dignidad sin discriminaciones.”
El conjunto de las lecturas de este día nos ilumina. La primera lectura, tomada del libro de la Sabiduría, exhorta a quienes gobiernan la tierra: “amen la justicia”, “piensen correctamente en el Señor”, “búsquenlo con corazón entero”. Solo lo encuentran quienes creen sin exigir pruebas. Muchos desean la sabiduría, pero esta únicamente llega al corazón libre de malicia y de maquinaciones. Para todos es necesaria la recta intención, y con mayor razón para quienes ejercen autoridad.
Por eso, el evangelio del día es tajante. Jesús enseña a sus discípulos que no provoquen escándalos. Aunque estos sean inevitables, porque siempre acontecen, se advierte a quien, libremente, se disponga a ocasionarlos, sin medir, sin prever, sin alcanzar a considerar las consecuencias de sus intervenciones.
El Señor cuida a los pequeños, es decir, a aquellas personas que, con inocencia, han abrazado la fe. Ellos esperan de los más entendidos que los conduzcan hacia Dios, no que los aparten de Él. Para el Señor, esos pequeños son como un vivero donde se cultiva la semilla de la fe, destinada a convertirse en un bosque. Pero ese bosque debe dejarse crecer, para que luego las aves vengan a posarse en sus ramas. La advertencia es severa para quien escandalice, para quien aparte a los hijos e hijas de Dios: “Más le valdría que le colgaran al cuello una piedra de molino y lo arrojasen al mar.”
Sin embargo, el mismo evangelio muestra que, más allá de todo, está la misericordia. También para quien escandaliza esta es necesaria. Recordemos que la misericordia es gratuita, pero costosa, porque no se puede abusar de ella. Se espera que, en cada nueva oportunidad, la persona recapacite, se convierta y no vuelva a caer en el error voluntariamente.
La convivencia comunitaria, desde la fe, exige que nos cuidemos unos a otros, para que el testimonio cristiano no se vea afectado hacia fuera. Por eso, si alguien en la comunidad ofende, es necesaria la corrección fraterna. Y si quien ofende se arrepiente, es necesario perdonar. El perdón, sin límites, es una necesidad para toda comunidad saludable. El perdón es compañero de camino, pues basta caminar juntos para comenzar a lastimarse. No se concibe una relación interpersonal sin perdón. De ahí que las expresiones “lo siento”, “perdóname” sean como prendas de gran valor que deben adornar nuestras actitudes. Más adornada está el alma que no demora en ofrecer su perdón. Los discípulos, al escuchar estas enseñanzas, solo pueden decir: “Señor, auméntanos la fe.”
Preguntas que llevan al silencio: ¿Por cuáles principios estás dirigiendo tu vida? ¿Amas la justicia e intentas vivirla en tu cotidianidad? ¿Tus pensamientos se rigen por la recta intención o le has exigido pruebas a Dios? ¿Amas al Señor respetando su voluntad? ¿Tu boca se ha preservado para hablar la verdad y actúas con transparencia agradando a Dios? ¿Evitas escandalizar a las personas y te interesas por acompañar la fe de quienes inician el camino? ¿Cuál es tu actitud si alguien te ofende: sabes corregir con caridad y perdonar siempre? ¿Podrías contabilizar las veces en que el Señor te ha perdonado y reconoces la tentación de consumir su misericordia sin dar paso a la conversión?
¿Cómo cuidas tu fe y la fe de los demás? Como el salmista, ¿le has preguntado al Señor si caminas por el camino recto y estás dispuesto a que Él te conduzca siempre por la verdad? ¿Sabes que el conocimiento de Dios sobre ti es perfecto? ¿Buscas conocerlo más a Él? ¿A dónde podrías huir lejos de Él, si dondequiera que intentes escapar, Él te encuentra, porque tiene su mano puesta sobre ti? ¿Sabías que Dios te busca porque te ama, porque le perteneces, porque Él ha formado tu vida y te ha soñado antes de que nacieras?
Vamos a cerrar nuestra meditación, con la oración del día que trae la Liturgia de las Horas en las Laudes: “Señor, tú que nos has prometido que las fuerzas del mal nunca prevalecerán contra la Iglesia, cimentada sobre la roca d Pedro, haz que, por la intercesión del papa san León Magno, tu pueblo permanezca siempre firme en la verdad y goce de una paz estable y verdadera. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo”.
¡Seamos santos!
Hna. Ángela Cabrera
Discípula Misionera por la Santidad

Hna. Ángela Cabrera.
Discípula Misionera por la Santidad
Espacio de reflexión de la Parroquia de los Santos Ángeles Custodios, que invita a realizar una pausa diaria en nuestras actividades cotidianas para dedicarlas a la oración del Evangelio, a través de la meditación y reflexión de la hermana Ángela Cabrera, Discípula Misionera por la Santidad.
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