MEDITACIÓN DE LAS LECTURAS: 26/12/25

¡Feliz Navidad! La fiesta se prolonga, pues desde la antigüedad el pueblo de la Biblia celebraba sus grandes solemnidades extendiéndose por ocho días. La sorpresa es que, precisamente en el segundo día, el 26 de diciembre, conmemoramos a San Esteban, el primer mártir del cristianismo.

Esteban era diácono, marcado por el servicio y la caridad. Además, llevaba en su corazón el fuego del mensaje de Jesús, que anunciaba con determinación y fortaleza espiritual. Sin embargo, quienes obedecen y defienden los intereses de Dios siempre encuentran oposición. Jesús mismo lo advirtió a sus apóstoles, como nos recuerda el evangelio de hoy: “No se fíen de la gente, porque les entregarán a los tribunales, les azotarán en las sinagogas y les harán comparecer ante gobernadores y reyes por mi causa”.

Hay un detalle esencial en estas palabras del Señor: asegura que esa persecución será necesaria para que allí mismo den testimonio de Él.

Justamente esto le sucedió a Esteban. Fue preparado para enfrentar la gran prueba. Lo llevaron a juicio y, en ese momento decisivo, “vio a Jesús en el cielo y lo dijo: -¡Veo a Jesús al lado de Dios!”. Esteban nos enseña a ti y a mí que no debemos detener la mirada en las piedras del camino, en las persecuciones o en las difamaciones, sino fijarla en el Señor. Él se encarga de rescatar y liberar a los suyos, a sus fieles. Se hace presente el don de la fortaleza, que asiste de manera especial a los mártires. Lo apedrearon hasta morir, pero no sin antes entregar su espíritu y perdonar, como lo hizo el mismo Jesús.

El martirio de Esteban se celebra en Navidad, porque el mismo Niño Jesús que trae paz y ternura es el que, ya adulto, dirá: “Les matarán, les odiarán por mi nombre”, “El que persevere hasta el final se salvará”. Esteban nos enseña, en este segundo día de la Navidad, que el amor a Jesús duele y exige sacrificio. Nadie ama verdaderamente huyendo del dolor, refugiándose en un falso ideal sin sufrimiento, sin gastar la vida por el Reino. Pero ¡qué morir tan dulce cuando vamos muriendo contemplando, como Esteban, el cielo abierto que nos espera! El papa Benedicto XVI nos recordó la importancia de amar la cruz: “Porque por ella viene Jesús a nosotros”.

La palabra martirio significa “testimonio”. Esteban, el primer mártir del cristianismo, dio testimonio de Cristo en todas sus andanzas hasta el final de su jornada terrenal. Fue instrumento del poder del Espíritu, realizando grandes prodigios, como nos narra la lectura de los Hechos de los Apóstoles. La gracia y la sabiduría singulares con las que fue dotado eran las armas con las que enfrentaba cada desafío.

Así como celebramos el nacimiento de Jesús en la fe, celebramos también el nacimiento de Esteban. Una nueva vida le esperaba, revestido con el traje de los vencedores.

El salmista nos enseña la actitud que ha de tener quien pretende nacer de nuevo. Con fe proclama: “A tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu”. Esto significa entregar la vida, el pensamiento, las jornadas, las labores, toda la existencia y hasta la misma muerte. Es el fruto de quien ha seguido las instrucciones y enseñanzas del Señor, las ha hecho vida y asume las consecuencias. Sabe que el Dios leal lo librará. Tiene conciencia de que, perdiendo la vida por el Señor, la recuperará en su infinita misericordia.

El Señor, hoy, nos repite las mismas palabras que dirigió a sus apóstoles: “No se fíen de la gente”. La malicia es grande; supera la mente del inocente que solo piensa y vive por el Reino, mientras los contrarios buscan la manera de hacer tropezar y caer. En cuanto se maquina el mal, el Señor advierte que quienes le siguen no gasten su tiempo en buscar defensa. El Espíritu provee incluso las palabras necesarias, para que no se detenga el parto de la salvación.

Preguntas que llevan al silencio: ¿Cómo está Jesús naciendo en ti? ¿Qué rasgos de ternura inspira en ti el Niño Dios? ¿Por qué la ternura y la sencillez nos hacen tanto bien? ¿Por qué, en medio de la fiesta, descubrimos que el seguimiento de Jesús también implica sufrimiento? ¿Sabes cómo nace el martirio, sabes cómo se sufre cuando se toma a Dios en serio? ¿Cuántas veces has nacido? ¿Sueñas con las puertas del cielo? ¿A quién encomiendas tu existencia? ¿Sabes que perdonar de corazón es señal del hombre y de la mujer que nacen de nuevo? ¿Estás dispuesto a vivir la caridad con los demás y a anunciar a Cristo con la fuerza del Espíritu Santo?

En tu nacimiento, Señor, yo también quiero renacer. Deseo recuperar la inocencia y la humildad de quien confía y se abandona en los brazos de su madre. Enséñame a entregarme a los cuidados de tu Madre, como lo hiciste tú. Ella, más que nadie, me conducirá por los caminos del Espíritu Santo. En tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu.

¡Seamos santos!

Ángela Cabrera
Discípula Misionera por la Santidad


Hna. Ángela Cabrera.

Discípula Misionera por la Santidad

Espacio de reflexión de la Parroquia de los Santos Ángeles Custodios, que invita a realizar una pausa diaria en nuestras actividades cotidianas para dedicarlas a la oración del Evangelio, a través de la meditación y reflexión de la hermana Ángela Cabrera, Discípula Misionera por la Santidad.

Contenido publicado originalmente en los canales de las Parroquia De Los Santos Ángeles Custodios, PSAC, por la Pastoral Digital, bajo en link: http://www.parroquiaangelescustodios.org – Puede copiar esta información en su Blog citando siempre la la referencia a esta fuente consultada. Para compartir en sus redes sociales, utilice los botones compartir. Conozca términos legales – Pastoral Digital PSAC

 

Publicado por PASTORAL DIGITAL PSAC

La Pastoral Digital PSAC es una acción programada y orgánica de nuestra parroquia De los Santos Ángeles Custodios, que tiene como finalidad contribuir a su misión evangelizadora a través de los medios digitales.

Deja un comentario